martes, 23 de agosto de 2005

Enrique Ponce y las cornadas

Enrique Ponce A Enrique Ponce le han dado una cornada. Alguien, seguramente el toro, se ha confundido y ha mandado al dique seco al astro más rutilante del firmamento taurómaco. Ponce no se equivoca jamás, y así nos lo hacen ver día tras día los corifeos que glosan sus actuaciones como si hubiera ganado la batalla de las Termópilas. El caso es que ahí está la cornada: "herida por asta de toro en el tercio medio de la pierna derecha con herniación de masa muscular de unos 10 centímetros, con trayectoria ascendente y que interesa tejido celular cutáneo, con rotura de masa muscular de sóleo y gemelo interno".

Diez centímetros, algo así como un llavín, que le tendrán de baja diez días, a día por centímetro. ¡Vaya tragedia!

Hace poco Paco Camino se encargaba de recordarnos a todos que las cornadas son precisamente las que hacen que ser torero tenga importancia. Ponce lleva dos, que sepamos, en toda su carrera, y ninguna ha sido lo que se dice un cornalón. Quizá porque generalmente lidia animalejos sin casta y sin poder que mejor estarían en una granja que en una plaza de toros, o porque a lo mejor toda la parafernalia mediática que le rodea no es más que una invención mercantilista.

Al torero más poderoso de todos los tiempos, Joselito El Gallo, le mató un toro en Talavera de la Reina; a Pepe Hillo, quien dictó una de las dos grandes tauromaquias clásicas, también le mató un toro. No fueron los primeros ni los últimos. La grandeza de la Fiesta radica precisamente en la posibilidad cierta de que los toros maten o hieran gravemente a los presuntos héroes que se ponen delante. Por ello da risa la que se ha liado en los medios de comunicación a causa de la cornadita que ha sufrido Enrique Ponce. Es casi -y sin "casi"- una falta de respeto no sólo a los muertos en los ruedos, sino a quienes tarde tras tarde se juegan la femoral y la vida lidiando corridas de toros de verdad, que es justo lo que no hace Enrique Ponce.

Recupérese, Sr. Ponce, y siga si quiere con su montaje en los medios de comunicación, pero no nos haga comulgar con ruedas de molino.

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