domingo, 14 de agosto de 2005

La suerte del autocar

Ayer un buen amigo, que estaba en el apartado de la novillada, me envió un mensaje al móvil un tanto desconcertante que textualmente decía: "La novillada [de Bucaré] justa de presentación, muy en tipo, preciosa." Creo que si la novillada estaba en tipo y era preciosa no podía estar justa de presentación, sino excelentemente presentada. En todo caso, por la tarde saldríamos de dudas.

Lo cierto es que lo de Bucaré salió, en cuanto a casta y salvo el quinto, de pena; en cuanto a presentación, cornicorta y sospechosa de pitones (no confundir una cosa con otra), los tres primeros abecerrados y los tres últimos de más trapío, pero sin exagerar; en cuanto a poder, se protestaron dos por inválidos, otros tres se pararon y sólo uno, el quinto, tuvo fuerza y casta como para acudir tres veces al caballo y aguantar unos cuantos muletazos después.

Como ahora lo que priva es el triunfalismo y convertir los festejos de la temporada de la Monumental de Las Ventas en una especie de festejos patronales de cualquier aldea, en los que es casi obligatorio repartir trofeos y mantenerse entre ciertos parámetros de excitación etílica, uno de los actuantes se llevó una oreja.

En efecto, la petición fue mayoritaria, pero en ningún sitio se dice que bastante más de la mitad de las aproximadamente 2000 personas que asistieron a la novillada eran turistas, entendiendo como tales a esos que no son de Madrid y que ven por primera vez un festejo taurino. Del resto, varios centenares de espectadores eran ocupantes de autocares que se habían desplazado a Madrid a apoyar a los novilleros. Y aficionados, lo que se dice aficionados de Madrid, de los que vamos a casi todos los festejos venteños e intentamos mantener el prestigio de la plaza, no creo que hubiera más de un centenar.

Los amigos aficionados de Francia alucinaban. Ellos, que tienen a la plaza de Madrid en un pedestal, no podían entender el ambiente de triunfalismo pueblerino que ayer presidió la novillada. Yo tampoco lo entiendo, pero me voy acostumbrando.

¿Y qué dice la prensa? Pues comencemos por la de Taurovent, en cuya página oficial Juan Pelegrín, buen amigo y excelente aficionado, pega un patinazo de antología. Dice al principio de la crónica que "Un toro, novillo en este caso, el quinto de Bucaré, devolvió todo el sentido al espectáculo", lo que quiere decir que hasta entonces la novillada no había tenido sentido, y ello es una verdad como un templo, porque los animalejos santacolomeños salían de los engaños con la cara alta, mirando al infinito y dándose la vuelta al revés, en una evidente demostración de descaste. El único novillo que pareció de lidia fue el quinto, y el debutante Torres Jerez lo desaprovechó pese a que le regalaron una oreja que tiempo tendrá de devolver. No se puede decir, por tanto y entre otras cosas, que "Al final quedó el recuerdo de una buena novillada, con la que nadie se aburrió un segundo", porque sí nos aburrimos, y mucho, y no solamente los aficionados.

En ABC no enviaron a nadie a la plaza y se limitan a citar la reseña de la Agencia EFE, cosa que El País ni siquiera se molesta en hacer. El Mundo dice algo tras el título "Oreja de peso para Torres Jerez" pero como a través de Internet es de pago no lo he leído. En La Razón, Patricia Navarro se acerca algo más a la realidad de lo acontecido pues, aunque no habla del descastamiento casi total de la novillada, sí lo hace de embestidas "distraídas" e "inciertas". Algo es algo.

En Burladerodos, la reseña que encabeza la crónica de la novillada, firmada por Fernando Gil, es casi perfecta y se ajusta a la realidad, si no fuera porque olvida el estado de los pitones de varios de los animales: "Un décimo de entrada. Novillos de Bucaré bien presentados, muy en el tipo de la línea Buendía de Santa Coloma, aunque descastados y, en general, distraídos y sin humillar, excepto el quinto que fue noble y repetidor. José Miguel Pérez 'Joselillo', ovación con saludos tras aviso y silencio tras aviso. Torres Jerez, ovación con saludos tras aviso y oreja. Roberto Galán, ovación con saludos y silencio." Por su parte un tal Lucas Pérez, de Mundotoro, da una de cal y una de arena procurando nadar y guardar la ropa en esta reseña.

Mi impresión y la de los aficionados que estaban a mi alrededor es que espectáculos taurinos como el de ayer ni hacen afición ni mantienen la poca que queda. Los taurinos profesionales deben tener muy claro lo que quieren hacer con la Fiesta, porque se han cargado la que había y supongo que querrán sustituirla por algo mejor. Ellos sabrán, porque lo que está por ver es que la gente quiera pagar por presenciar ese nuevo espectáculo.

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