viernes, 2 de septiembre de 2005

Humildad y prudencia

Una necrológica sobre Alfonso Navalón firmada por Mario Juárez en burladerodos.com ha destapado la caja de los truenos. Los usuarios han llamado a Juárez de todo menos bonito y, aunque en la actualidad todos los comentarios de los aficionados han sido borrados en la versión electrónica "oficial" del artículo, multitud de hojas, impresas antes de la gran censura, circulan en los mentideros y tertulias especializadas.

Se puede estar en desacuerdo con la figura de Navalón (yo lo estoy con el Navalón de los últimos años), pero hay que ser más respetuoso y más humilde, porque lo que de verdad ha cabreado a la gente ha sido el tono pontifical y la mala baba con que está escrito el artículo, encima por alguien que ni por calidad literaria, ni por ingenio, ni por sabiduría taurina ha llegado ni llegará jamás a la altura del betún de los zapatos de Alfonso Navalón.

Navalón fue un monstruo de la información taurina en los años 60 y 70 del siglo pasado, sólo equiparable a lo que fue Joaquín Vidal desde los 80 hasta su muerte. Eso lo sabe cualquiera que lo haya vivido, y Juárez no está en esa alforja porque nació en 1981. Fíjate que ni siquiera los del portal bodeguero han abierto el pico.

No sé si a Mario Juárez le pagan por opinar además de por informar. Lo que sí sé es que la gente no entra en burladerodos.com para leer las opiniones de Mario Juárez -ni de casi nadie-, sino para intentar informarse de lo que ocurre en el mundo taurino.

Humildad, humildad, humildad...

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