lunes, 10 de octubre de 2005

En legítima defensa

No es intención de esta bitácora hacer constantemente crónica taurina porque ni soy cronista, ni me apetece serlo, ni tengo aptitud para ello, ni la mayoría de festejos que presencio, fundamentalmente en Las Ventas, merecen gastar un minuto en recordarlos y menos aún en describirlos. Los aficionados, sin embargo, sí merecemos que haya una crítica veraz, profesional e independiente y, como consumidores que somos, hemos de exigirla y no permitir que nos mientan o nos intenten manipular.

Cuando quienes sobre todo deberían informar se endiosan y se convierten en opinadores profesionales, suelen acabar tergiversando la realidad para adaptarla a las muletillas que una y otra vez repiten como papagayos y que, en el fondo, ni siquiera constituyen opiniones. Si, por ejemplo, lo taurinamente correcto es meterse con los energúmenos del 7, se utiliza cualquier cosa para ello.

Como decíamos ayer, Juárez acusaba de falta de sensibilidad al público citando lo que, sin lugar a dudas, precisamente era una muestra evidentísima de lo contrario. Hoy vuelve a hacer lo mismo: si el pagano público de Madrid muestra sensibilidad para con la suerte de varas y exige que se realice con arreglo a los cánones y a lo que exige la normativa en vigor, resulta que la Monumental venteña se ha convertido en una plaza de tientas "antitaurina y desesperante" (seguro que si pasásemos de la suerte de varas nos llamaría indocumentados y mentecatos); si un peón resbala y cae en la cara del toro con gran riesgo de su integridad física, debe dar gracias "a los de siempre." Y así, suma y sigue. Empieza a ser vomitivo lo de este tipo, que no sé ante quién quiere hacer méritos, aunque me lo imagino.

El público de temporada madrileño, fundamentalmente el que va a todos los festejos y suele aposentar sus reales en el tendido 7, no es ni mucho menos la caterva de energúmenos que algunos, desde el más casposo taurinismo profesional, pretenden hacer ver. Hay gente que grita y gente que no lo hace; personas que aplauden y personas que no; los hay que saben un montón de toros y los hay que no; los hay golfos y trincones, pero la inmensa mayoría es gente muy honesta y, sobre todo, muy aficionada: amante de la Tauromaquia en toda su plenitud y no sólo de los toreros. No sé si me explico.

Por fin, si de los victorinos hay que hablar, decir que la corrida fue una escalera (480 Kg. el más pequeño y 610 Kg. el mayor) sin poder y, en general, muy bajita de casta, por lo que resultó un tostón. Seguro que también fue culpa del tendido 7.

No hay comentarios: