domingo, 9 de octubre de 2005

Pundonor

Los tres matadores que actuaron ayer en Las Ventas se pusieron de verdad. Uno resultó corneado -Perera-, otro se fue magullado -Castella- y otro salió indemne de milagro -Marín-. No es eso lo que uno busca cuando va a los toros, pero la Fiesta necesita que de vez en cuando haya espectáculos de este tipo para reafirmar su autenticidad.

Perera, por ejemplo, se equivocó con el tercero y lo pagó con sangre. Ya había tentado a la suerte en un quite por chicuelinas de las que las dos primeras le salieron buenas y ceñidas. En la tercera, por el pitón izquierdo, llevaba el lance hecho, sin embarcar al toro, y éste pasó por allí sin herirle de la misma forma que podía haberle enganchado muy seriamente. Comenzó Perera el último tercio con un torerísimo inicio de faena: dos pases cambiados por detrás encadenados con uno de las flores y uno monumental de pecho. Ahí el toro tragó, igual que admitió después dos series bastante potables por la derecha. El caso es que el extremeño se echó la muleta a la izquierda y se colocó al hilo del pitón, muleta retrasada, como diciendo "toro, ¿me ves?, ¡cógeme!" El animal, que era cinqueño, manso y listo, no se hizo de rogar y al tercer pase fue derechito a por el torero, le dio una cornada que afortunadamente sólo es muscular, y luego se rajó largándose a los terrenos de tablas, en donde un Perera renqueante ya no pudo sacarle un pase en condiciones. Mató de una buena estocada y se fue a la enfermería mientras la cuadrilla recogía un merecido trofeo que, sin equivocaciones, podía haber sido doble y, encima, sin cornada.

Castella también estuvo bien, pero tuvo que pechar con un lote imposible. Su primero quería, pero no podía. Su segundo era un manso que le dio una paliza al recibirlo de capote, y el que tuvo que matar por Perera era un mulo con el que se pegó un arrimón. Asimismo Serafín Marín se justificó y anduvo valiente, pues nada más se podía se podía hacer con sus toros.

La corrida de Núñez del Cuvillo, terciada y muy bien armada, salió en general mansa e inválida. La novedad fue que, cuando los toros no embistieron, lo hicieron los toreros. Eso se llama pundonor y es muy de agradecer en estos tiempos que corren.

Por cierto, hubo un toro afeitado para el rejoneador Leonardo Hernández, quien una vez, en tiempos, triunfó toreándolos en puntas en Madrid. Ayer se silenció su labor.

Apostilla a Mario Juárez

Acabo de leer una crónica que se mete con el público de Madrid porque gritaba a Perera que no volviese al toro después de la cogida. ¿Eres tonto o qué te pasa, Juárez? Eso es lo que ha ocurrido toda la vida aquí, en Lima o en Pernambuco, porque a la gente le asusta ver a un torero disminuido frente a la cara del toro, independientemente de que luego los rasgos de pundonor se premien como merecen. El público estuvo ayer perfecto con Perera y, si te quieres meter con alguien en concreto, no tienes más que nombrarlo en vez de generalizar. Es lo que hacen los hombres de verdad. Tú, en tu histrionismo, en tus fobias y en tus maniobras cada día te pareces más a La Lirio. Ten cuidado, que ya han empezado las murmuraciones, y luego los sambenitos y los remoquetes son muy difíciles de quitar.

Item más: Comprendo que te gusten tanto los festejos pueblerinos, pues allí vas de gratis total a todos los sitios, el ambiente es festivo y puedes presumir de lo que no eres. En Madrid el ambiente es otra cosa, porque ésta es plaza de temporada y la gente no está para mucho cachondeo, y menos aún cuando es cautiva de un abono que no viene a cuento. Que los taurinos queráis igualar por abajo la seriedad de las plazas tiene su lógica, y eres muy dueño de tener los gustos que te dé la gana, pero no faltes al respeto a quien no opina como tú, y menos aún a quienes pagan su localidad e intentan mantener la categoría de un coso que por algo es el primero del mundo.

1 comentario:

pgmacias dijo...

Bastonito, que razón tienes con el tal Mario Juarez, es un impresentable que se le ve mucho el plumero de por dónde va al compás de "La lirio"...sus objetivos :la crónica seria que por desgracia ya no está (Vidal, Apaolaza y Navalón) y a quienes atacan en la cobardía de la certeza de no recibir la respuesta adecuada a sus bajezas innobles, ponzoñosas e inmundas, de la peor calaña humana...y los aficionados especialmente el 7...que si no existiera habría que inventarlo. Un saludo. Pedro García Macías