domingo, 27 de noviembre de 2005

Derechismo

Manuel Jesús Cid, El Cid, quien por cierto es zurdo, ha medio revolucionado el cotarro taurino de los últimos dos o tres años de una forma muy sencilla: toreando al natural. La suerte básica del toreo de muleta había casi desaparecido de los ruedos, y en cuanto llegó un torero dispuesto a recuperarla, los públicos, hartos de insulsos derechazos, se volvieron locos.

Federico M. Alcázar, en el Tomo I (y único publicado) de su Tauromaquia Moderna (Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1936), ya hacía todo un profético alegato contra el indiscriminado toreo de derechas que, hoy por hoy, muchos podríamos suscribir:

Tauromaquia ModernaYa sé yo que los gustos y las predilecciones del público van por el camino derechista. Pero hay que salir al encuentro y decirle la verdad. Y la verdad descarnada y cruda es que los pases con la mano derecha, aun en el mejor de los casos, que es cuando responden a una necesidad, son una ventaja. Esto en términos generales.

Hay toros que deben torearse con la derecha. Pero no a todos por sistema. La regla, la norma, es la izquierda. Lo que no se puede hacer, lo que no debe hacerse, aunque le acompañe el aplauso del público, es invertir los términos; convertir la excepción en regla toreando a todos los toros con la derecha y excepcionalmente con la izquierda. Bien está que se toree con la derecha. Es bello, airoso y eficaz, pero sin que constituya un uso, pues lo abusivo, lo escandalosamente abusivo, es que se toree con la derecha ¡por el lado izquierdo! Esto colma nuestra tolerancia; excede nuestra capacidad de resignación. Cada pase de pecho que se da con la mano derecha es un natural que deja de darse con la izquierda. Agrego con la izquierda para diferenciarlo de los mal llamados naturales, con la derecha. El pase natural es uno, y en buena doctrina taurina no puede llamarse natural al que se ejecuta ayudado con la espada y con la mano derecha. Este es ayudado por su factura, por su técnica y hasta por su estética, y nada más. Es una licencia artística que no debe tolerarse. Pero continuemos argumentando. Si el toro pasa en el pase de pecho con la derecha, ¿qué razón, qué extraordinaria razón, que fantástica razón existe para que no pase en el natural? Ninguna. Mejor dicho, una fundamental: el miedo. Por miedo, a pesar de los falsos alardes de valentía, no torean con la izquierda. Y por no saber. Hay figuras que no saben manejar la muleta con la izquierda. Pero no ya para torear al natural, sino simplemente para machetear un toro. Si fuera posible en una corrida hacer la experiencia yo se lo demostraría al público. ¡Y cuántos ídolos falsos se derrumbarían!

Ya hemos apuntado que los pases con la derecha son una ventaja por varias razones. Primera, por tenerla más adiestrada; segunda, porque al cruzar el estoque sobre la muleta se alarga el engaño y se disminuye el peligro; tercera, porque ésta se convierte en una especie de trinchera tras de la que se resguarda el torero. De esta forma el torero no se descara con el toro, ni le da el pecho, ni se coloca en su rectitud, que es lo que mandan los cánones, sino que está de perfil y queda siempre emboscado, con lo cual se le tiene ganado un tiempo al toro, que es el preciso para enmendarse o salirse de la suerte, y cuarta, porque la mano de torear es la izquierda y a la muleta no se le deben dar mayores dimensiones que las normales. Casi todas las reglas del toreo de muleta están escritas a base de la mano izquierda, que es con la que debe torearse. Como que en buena práctica taurina, casi toda la lidia debe hacerse por el lado izquierdo y debe ir encaminada a preparar el toro para la suerte suprema, que no le llamaban así los clásicos por ser la última, sino por ser la suerte en la que culminaban la emoción y la belleza.

[...]

El público debe exigir a los toreros que toreen con la izquierda. Nada de cruzar el estoque sobre la muleta para agrandar el engaño y alargar la distancia. Lo difícil y peligroso es torear con el palo y descubierto. Y si sueltan el brazo mucho mejor. La mayoría de los toreros torean amarrados, y esto es feísimo. Le quita a la figura garbo, naturalidad y gracia.

Ya lo hemos dicho otras veces. Lo que mata al toreo no son precisamente los usos, sino los abusos. Se empieza empleando un recurso para una suerte, se convierte en uso y acaba en abuso. Consecuencia: que se pierde la suerte. Y esta suerte está corriendo el toreo con la izquierda. Un mal día se empleó el recurso de la mano derecha. Los toreros que siempre echan por el atajo buscando el camino más corto, que es el más cómodo y menos expuesto, lo siguieron. Y el verdadero toreo se mixtificó. Una invasión de toreros mancos cayó sobre la fiesta y todavía no hemos podido redimirla.

Todo lo que se haga por redimir al toreo de la esclavitud derechista, me parece poco. El peligro de este abuso, como hemos indicado al principio, radica, entre otras cosas graves, en que el público llegue a darle la misma importancia a una trinchera que a un pase natural o de pecho. Y esto sería deplorable para el arte, pues supondría el triunfo de la bagatela.


Creo que no se puede explicar mejor.

1 comentario:

javier dijo...

¡Cuanta razòn!
Escribe Josè Delgado, Pepe Hillo, en su tauromaquia: "El uso de la muleta exige mayor habilidad que el de capa, y es tambièn mucho màs lucido, pues asì como esta tiene la proporciòn de manejarse con ambas manos, no asì la muleta, que siempre debe llevarse solamente en la izquierda"