sábado, 19 de noviembre de 2005

Más sobre el trapío

El bloguero taurino francés y amigo Sol y Sombra lleva unos días dándole vueltas al término trapío. Hasta el momento ha publicado seis entregas con definiciones de lo más variopintas -algunas incluso aberrantes, pero todas de indudable interés-.

Hablando con él, le prometí un post sobre el asunto hace una semana para publicarlo en su bitácora, pero me salió demasiado largo y no lo subí a la Red. Ahora lo he resumido y lo publico en mi espacio web, más que nada porque mis conocimientos de francés son limitadísimos y no me atrevo a usar un traductor automático en asunto tan peliagudo como éste.

La palabra en cuestión aparece por primera vez en el Diccionario de la Real Academia Española (RAE) en 1884:

Como bien puede observarse, la definición aplicada a la Tauromaquia incluye características sobre la presencia del toro de lidia, pero también otras volitivas que, como veremos ahora, seguirán estando admitidas durante bastante tiempo por la RAE.

En la siguiente edición del Diccionario (1899), las acepciones de trapío sufren una profunda reforma:

Se incluye como primera acepción la de velamen, se suaviza y hace más políticamente correcta la referida a las mujeres, y la única acepción taurómaca que antes existía se divide en dos, poniendo por delante la relativa a la presencia física del toro y dejando en último lugar la que habla de su voluntad y forma de embestir.
Cincuenta y siete años después, en 1956, el término que tratamos vuelve a sufrir un revolcón en el Diccionario de la RAE:

Aquí se ha suprimido la acepción referente a la embestida del toro, que huele a permanente.
Por fin, la única diferencia que existe en la edición actual del Diccionario con respecto a la anterior es que en ésta se ha puesto en último lugar la acepción marinera:

Hasta aquí el resumen. Sólo me queda indicar que la palabra trapío, en la acepción de buena planta y gallardía del toro de lidia, se usaba ya al menos desde 1836, bastante antes del año de su primera incorporación al diccionario. Y no es que anduviera yo por las plazas de toros en aquellas épocas gloriosas de la Tauromaquia -lo que me habría encantado-, es que todo lo escrito en este post -y mucho más que se ha quedado en el tintero- lo he visto consultando a través de Internet los bancos de datos históricos de la RAE, que son fuente inagotable de conocimiento y herramienta imprescindible para desentrañar muchos misterios.

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