domingo, 20 de noviembre de 2005

Una anécdota ganadera

Acabo de leer esta anécdota que, transmitida a finales del XIX por el escritor malagueño Aurelio Ramírez P-P-T, nos habla de algo que ocurrió una mañana del primer tercio del mismo siglo, en la presentación en Sevilla de los toros lesaqueños, directísimos sucesores de los del Conde de Vistahermosa y predecesores de los actuales saltillos. No he podido resistir la tentación de copiarla:


Cuando se hizo ganadero Pedro José [Picavea de] Lesaca, adquiriendo parte de la famosísima vacada del Conde de Vistahermosa, vendió para Sevilla una corrida de toros. Existía entonces en aquella capital, residencia de los más célebres ganaderos, la costumbre de que cada vez que se lidiaba una corrida de toros iban, al menos, dos de los tres picadores que con mayor fama contaban a visitar al criador cuyas reses se anunciaban. Esta visita era por la mañana del día de la corrida, y el objeto no otro que tomar el 'chocolate'. D. Pedro, en la primera corrida no sabía lo del 'chocolate' y así que tan luego le anunciaron la llegada de los picadores, bajó a su despacho y con la mayor afabilidad, después de saludarlos, les preguntó el objeto de tal visita a aquella hora.
- Pues venimos a que su mercé -dijo el más viejo y el más celebrado de los picadores- nos dé er chicolate.
- Pues si es nada más que eso, aunque sea raro, voy a llamar para que se lo hagan a Vd. -contestó Lesaca, riéndose de la petición.
Mientras lo hacían formalizóse una amigable tertulia, y en ella se expusieron datos, dichos y hechos con referencia al toreo, quedando encantado D. Pedro de las buenas cosas que oía a aquella gente de zapatón y calzonas y marsellés. Se presentó a poco rato el criado de la casa con una bandeja, en cuyo perímetro se exhibían sendas tazas de soconusco y bizcochos de canela fina.
- Vamos, muchachos, a la carga y despabilar todo eso- dijo Lesaca.
Los picadores mojaron bizcocho tras bizcocho, y sorbo va, sorbo viene acabaron con todo.
D. Pedro, llegado este momento, se puso de pie, y saludando a los picadores, díjoles cariñosamente:
- Ea, ahora a la casa a preparar el traje y nada de excesos para que esta tarde os luzcáis.
- Güeno, güeno, on Pedro; pero farta lo mejó.
- ¿Y qué es?
- Pué la "jara" de oro.
- No entiendo eso; explíquelo- dijo Lesaca al que había hablado.
- Pué su mercé, según vemo, no está enterao toavía.
Y mirando a sus compañeros de profesión les hizo un guiño y dijo:
- On Pedro, es costumbre en Seviya que tóo er ganaero que da toros pa la plaza nos dé er "Chicolate" er día de la corría. Vamos a verlo y nos jase presente er "Chicolate" y en el plato de la tasa viene una "jara" -una onza de oro- pa cáa uno de los primeros varas: así le trabajamos mejor la corría y miramos por el ganao pa que no se lizie.
No aguardó más D. Pedro poniéndose muy serio y en ademán que bien claramente se veía estar resuelto, contestole mirando de uno a uno:
- Pues tengan en cuenta que yo no soy de esos que dan la "jara", y por consiguiente que si mis toros aprietan, aprieten Vds., y si con eso no hay bastante para bajarles la cabeza y que se dejen torear bien a gusto de los matadores, pueden cortar el cordelillo a la puya, y duro y firme con ellos, que si son bravos y de cabeza, como espero, ya harán para quedar como toros de buena raza.

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