viernes, 28 de abril de 2006

El lunes, los palhas de don Fernando en Zaragoza

El 1 de mayo, en el Coso de la Misericordia de Zaragoza, debutará en España con picadores la ganadería de don Fernando Pereira Palha, probablemente el último ganadero romántico que queda. Bastantes aficionados nos acercaremos hasta la Capital del Ebro para disfrutar de la imponente presencia y de las encastadas embestidas de estos animales portugueses por cuyas venas corre la sangre vazqueña.

Para ir abriendo boca reproduzco a continuación, con permiso de la autora, el reportaje que sobre esta ganadería publicábamos el 29 de enero de 2001 en el extinto portal taurino burladero.com. Está elaborado por la periodista, aficionada y amiga Begoña Fernández Pellicer.

Quinta da Foz: Viaje al origen de la casta

Existen aún en Iberia lugares en los que trasladarse a cien años atrás con la imaginación no supone ningún esfuerzo. En este caso sólo es necesario viajar a los alrededores de Lisboa, adentrarse en las marismas del Tajo y visitar la finca en la que perviven las raíces. Es la Quinta da Foz, en Benavente, cerca de Vila Franca de Xira, a quince kilómetros de la capital. Allí pasta una de las ganaderías legendarias de Portugal, la de Herederos de María do Carmo Palha, los antiguos "palhas". Unos toros de cara guapa, capa tan variada como inverosímil, raza, nobleza y temperamento que, en la actualidad, se anuncian bajo aquel nombre al perder los derechos de ser lidiados como "palhas" tras el reparto del patrimonio familiar.

Novillada de los Herederos de María do Carmo Palha lidiada en Céret el 9 de julio de 1995Las ochocientas hectáreas de terreno que componen la finca se expanden junto a la ribera del Tajo y se dividen en dos partes: una más pequeña, tan sólo un cuarto, situada en lo alto de una meseta y otra que, protegida por diques, constituye las tres cuartas partes restantes y se ubica a la altura del río, con el consiguiente peligro de inundación cada vez que las aguas crecen a causa de la lluvia.

En una colina desde la que se divisa todo Vila Franca, se erige la casa familiar, en la que viven veinte de los miembros de la familia Palha. Un paraje espectacular, rodeado de antiguas bodegas y de naranjos, que sitúan a la casa en el centro de un bosque en el que un estanque imita al famoso "Serpentine" londinense.

Ya en el interior del palacio, varias cabezas de toro custodian el vestíbulo. Se trata de algunos de los más famosos ejemplares lidiados a lo largo de los años. Pero no son los únicos recuerdos que envuelven a la mansión en un aire de romanticismo. Todo está guardado cariñosamente y no hay ni un solo objeto que no sea mostrado con orgullo por el ganadero.

Sin embargo, varios de ellos se custodian con especial celo. De entre todos destacan: una colección única de figuras de terracota que representa las fases de una corrida a la portuguesa; un cartel en el que los toros de la ganadería se anuncian junto al mismísimo Manolete (padre); la última banderilla que se le puso al toro de la despedida de Antonio Bienvenida en Madrid; una muleta de Conchita Cintrón; la cabeza de "Carlitos", un toro que permaneció toda la lidia sin derrumbarse a pesar de que el picador le atravesara con casi un metro de vara o la cabeza del último astado que toreó el rejoneador Joao Branco Nuncio.

Cada recuerdo tiene su propia historia. Un motivo que lo convierte en ejemplar único e irrepetible y que el ganadero, Fernando de Castro Van Zeller Pereira Palha, conoce y narra con absoluta devoción. Y es que, sin duda alguna, el alma de La Quinta da Foz no lo componen ni su palacio, ni su espléndido jardín, ni sus recuerdos del pasado. El alma de La Quinta es Fernando Palha.

Un novillo de Fernando Palha en la Quinta da Foz"Soy un romántico loco que hace 42 años puso todo su empeño en recuperar el hierro de sus antepasados costase lo que costase", comenta sobre sí mismo. Pero poseer una ganadería de casta primigenia, si hace tiempo fue sinónimo de triunfo para su familia, hoy se trata de un sueño casi imposible de mantener. "Cuando formé la ganadería -cuenta- empecé a partir de dos vacas de procedencia pura vazqueña. Para comprarlas tuve que recorrer kilómetros y kilómetros. De ellas ha partido el resto del ganado. Ahora cuento con 200 vacas de vientre."

Han sido cuarenta años de lucha y sacrificio, de derrotas y de recompensas que Fernando Palha reconoce con mucho orgullo y no menos pena. "Muchas veces, lo más fácil hubiera sido mandar la camada completa al matadero y dedicarme íntegramente a la agricultura que, en realidad, es de lo que vivimos mi familia y yo. Pero bastaba con acercarme al campo, admirar la estampa de mis toros y disfrutar con su bravura y su nobleza para que merecieran la pena todos los sufrimientos."

El principal problema con el que topan los toros de Herederos de doña María do Carmo Palha no es la crisis que vive el campo bravo debido al mal de las "vacas locas", sino el temor y respeto que suscitan estos animales entre los toreros. Ese temor hace que los empresarios no se interesen por adquirir una corrida para su plaza, aún a pesar del éxito que, sin lugar a dudas, tendría entre los aficionados.

"Este año -argumenta Palha- ha habido ganaderos que han tenido que vender toda la camada por 100.000 pesetas. Se ha tenido que hacer una criba importante en todas las fincas, pero eso hará que, al haber menos toros, el 2001 sea un año mejor, ya que habrá menos cabezas para el mismo número de corridas a celebrar. Aunque a mí no me afecta mucho eso porque, independientemente de la enfermedad, mis toros no los quieren ver los matadores ni en pintura. Algunos, cuando vienen a casa, pasan por delante de las cabezas disecadas tapándose la cara del respeto que les imponen, así que ¿por qué iban a arriesgarse de cara al público con unos animales de casta y temperamento?"

La familia vive del arroz, el maíz y el tomate, además de la cría de caballos de pura raza lusitana y de ganado manso. Por eso, don Fernando se declara tan libre para criar los toros que le llenan como ganadero pero, sobre todo, como aficionado, independientemente de que luego los venda o no.

Novillos de Fernando Palha en Céret"Hoy, cien años después de que se hicieran las pinturas que presiden mi despacho y que reproducen algunos de los toros que criaban mis antepasados, nos podemos encontrar en el campo otros ejemplares de idéntica estampa. Imponen con sólo verlos en una acuarela, pero poder admirarlos en vivo un siglo después es casi un milagro que no sé cuanto más va a durar", afirma.

Este miedo también se hace patente en su cara cuando medita sobre el futuro, puesto que, de sus siete hijos sólo uno, Antonio, vive con idéntico interés la belleza del toro en el campo.

Sin embargo, gran parte de sus preocupaciones se saldarían si sus toros se anunciasen en los carteles de las grandes ferias españolas, como ocurre en aquellas plazas francesas en las que se tiene en cuenta el gusto del aficionado por encima de los intereses económicos y burocráticos de los estamentos taurinos.

1 comentario:

Chacorro dijo...

La estampa de estos toros recuerda al toro fiero en el que se inspiraban pintores y escultores de hace seis decadas.No existe sin duda casta mas bella que la vazqueña,la estampa del toro fiero,testud,cuello y morrillo aleonados,junto con la variedad de capas,son una verdadera delicia para los aficionados y deberían de tener ayudas estos ganaderos por conservar en pureza estas ganaderías.