sábado, 27 de mayo de 2006

Miró al soslayo, fuese, y no hubo nada

Pero nada de nada. Por no haber, no hubo ni vergüenza, como explica Joaquín Monfil en su habitual minicrónica de lo acontecido en la plaza de Las Ventas.

Quien primero miró al soslayo y fuese de rositas sin que hubiera nada fue, si estuvo, la insigne ganadera doña María Domecq Sáinz de Rozas, a la sazón representante de la vacada denominada Toros de Lagunajanda, que ayer tomó antigüedad con una corrida incompleta desde el principio (sólo saltaron al ruedo cinco), de la que se devolvieron dos toros más al corral. ¡Así se presenta una ganadería en la primera plaza del mundo!

Los toreros hicieron el paseíllo, miraron al soslayo y también fuéronse sin que hubiera nada. Uceda Leal, Eduardo Gallo y El Capea, junto a los citados de Lagunajanda, dieron al público de Las Ventas una de las mayores palizas que se recuerdan en esta plaza: en el quinto toro la gente salía a borbotones por los vomitorios incapaz de seguir soportando el infumable espectáculo.

Hoy descanso.

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