jueves, 15 de junio de 2006

A Cheché le mató en Chihuahua un toro de Chapadero

En 1898 las tropas norteamericanas ocuparon las islas de Cuba y Puerto Rico, perdiendo de esa forma España sus últimas posesiones en América. Hasta entonces se habían celebrado allí corridas de toros, y había temporada taurina más o menos regular.

En mi archivo consta la existencia de dos matadores de toros puertorriqueños: Ernesto Pastor Lavergne e Isaac Olivo Meri. Para ambos tengo registrado el 4 de abril de 1892 como fecha de nacimiento, y sospecho que debe ser errónea en cuanto al segundo. Mucha casualidad sería, máxime cuando los dos murieron en el mismo año de 1920 debido a percances sufridos en el ejercicio de su profesión.

Ernesto PastorEn efecto, Ernesto Pastor, que realizó toda su carrera taurina en España, tomó la alternativa en Oviedo de manos del gran Joselito el 19 de septiembre de 1919, matando a un toro de Vicente Martínez llamado Cerero. El infortunado Agustín García Malla le confirmó la alternativa en Madrid el 30 de mayo del año siguiente, cediéndole la muerte de un morlaco de Miura. Muy poco después y en la misma plaza, el 5 de junio, el toro Bellotero, del Marqués de Villagodio, le infirió una tremenda cornada, de la que falleció el siguiente día 11.

De Meri no tenemos tantas noticias. Sólo sabemos que actuaba como matador en tierras americanas, y que falleció el 5 de septiembre de 1920 en Caracas víctima de las lesiones que le produjo un palotazo recibido en el pecho, actuando en el ruedo de la capital venezolana el 24 de agosto anterior.

En cuanto a los matadores de toros cubanos, puedo dar noticia de otros dos. El primero es Manuel Flores El Nengue, del que sólo sé que nació en La Habana. El segundo es José Marrero Báez, Cheché, otro habanero que nació el 19 de marzo de 1870 y al que concedió la alternativa nada menos que Ponciano Díaz, en el mexicano Monterrey, el 31 de julio de 1892. Un mal día de 1909, actuando en Ciudad Jiménez (Chihuahua) el 9 de agosto, un toro de la ganadería de Chapadero le dio un cornalón del que murió a los dos días.

Resulta curioso que, de cuatro matadores que conozco nacidos en Cuba y Puerto Rico, tres falleciesen a causa de percances sufridos en los ruedos, sin que del otro sepa nada.

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