miércoles, 7 de junio de 2006

Insufrible festejo, pese a la oreja pedida desde el Palco Real

Un natural de Morante al quinto de la tardeJosé Antonio Morante de la Puebla no salvó la tarde como he leído por ahí. A esas alturas la tarde no tenía arreglo posible y, además, la faena al quinto fue solamente aseadita, con algún natural estimable -la mayoría malos y hacia afuera, como el de la foto-, y la petición de oreja resultó minoritaria. Sin embargo... ¡ay!, se ve que empieza a estar de moda el que se agiten moqueros en el Palco Real, que ayer ocupaban los Duques de Lugo y sus invitados. Uno de ellos no tuvo reparo en ponerse a pedir trofeos para Morante, sin caer en la cuenta de que quien va de gañote a los toros y ocupa sitio oficial debe abstenerse de realizar tanto ese tipo de expresiones jubilosas como las contrarias. No-sé-quién de Bulgaria dicen que era el tipo del pañuelo que obligó, desde el Palco Real, al funcionario policial don César Gómez a otorgar la orejilla que Morante paseó en una despaciosa, plúmbea y protestada vuelta.

Caía la noche sobre Las Ventas y aún estábamos picando al quintoEl resto del festejo no merece más comentario que el de que resultó ser una sucesión de inválidos, con cuatro sobreros que debieron ser al menos seis. Se lució Moisés Fraile, ese criador salmantino de basura que ha descubierto, junto a Enrique Ponce, un nuevo y nauseabundo concepto de toro de lidia.

Hizo un calor de justicia y salimos de la plaza como alma que lleva el diablo en busca de una ducha reparadora, cansados y con mal cuerpo tras tres horas de festejo tedioso, cuando ya había caído la noche sobre el glorioso ruedo de la Monumental de Las Ventas, un bellísimo edificio neomudéjar que a no mucho tardar, como sigamos así, será un bonito centro comercial. Hay precedentes.

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