domingo, 10 de septiembre de 2006

La otra alternativa

Ayer, aproximadamente a la misma hora que en la vieja, bellísima y remozada plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Ronda, de tercera categoría, Cayetano Rivera Ordóñez era protagonista de la consumación de uno de los mayores montajes mediáticos que haya vivido la Fiesta desde sus orígenes, se inauguraba otra plaza de tercera en Barajas de Melo, provincia de Cuenca.

Pese a que el primer toro que saltaría al ruedo en esta nueva plaza iba a servir también para que un novillero tomase la alternativa, no había petardas del cuore en los tendidos, ni ministros, ni figurones variados como en Ronda. La alternativa de Valentín Ruiz, novillero conquense curtido en mil batallas, no ha merecido más que una escueta nota de agencia, que los más desvergonzados se han apresurado a copiar con errata incluida en el nombre del pueblo, sin citar la fuente.

Valentín Ruiz, nacido en Cuenca en 1981, debutó con los del castoreño en Tarancón (Cuenca) el 11 de septiembre de 1999. Ha estado, pues, siete años de novillero con picadores. Se presentó en Las Ventas (lo que no ha hecho el hermanísimo) el 16 de septiembre de 2001. De este festejo destacaba Joaquín Vidal, entre otras cosas, "el entusiasmo lidiador de Valentín Ruiz, el ceñimiento con que ejecutaba las suertes, los momentos buenos que dio en varias tandas de naturales y, sobre todo, su interpretación de las gaoneras, toreando al estilo clásico" Su buena actuación le sirve para repetir una semana después en la primera plaza del mundo. En la crónica de este festejo, titulada La medida de la casta, dice el maestro Vidal:

En la lidia, si el toro tiene casta no hay tu tía: o manda el torero o manda el toro. Incluso aún mandando, el torero puede acabar en la enfermería pues el toro de casta no admite ni errores ni descuidos.

Le sucedió a Valentín Ruiz en el segundo de la tarde: que se fajaba con él aguantando los peligros que se derivan de la codicia del toro encastado cuando, al rematar una tanda, le perdió la cara. ¿Perderle la cara a un toro de casta? La respuesta le llegó de inmediato: el novillo (que esa era su edad y condición) al verlo desapercibido se arrancó y corneó al torero con furia. Se lo llevaron a la enfermería y dio la sensación de que llevaba cornada grande. Mas he aquí que, arrastrado el cuarto ejemplar, reapareció Valentín Ruiz, no muy entero por cierto (cojeaba un poco) y se dispuso a lidiar a su otro novillo.

A éste lo banderilleó con aleatorios resultados destacando el par del violín. En su primero (el del percance) banderilleó aún mejor y también destacó el par del violín. Es curioso: este par del violín, que trajo a España años ha un mexicano y resucitó El Fandi, va a ser una modalidad banderillera de seguro éxito.

La actuación de Valentín Ruiz con el quinto transcurrió embarullada y atropellada. Seguramente no era culpa suya sino de la casta agresiva del toro, que mostrándose manejable de principio se volvió incierto quizá por avisado. Es lo que traen las malas lidias: resabios y, en consecuencia, peligros. Y así fue. En uno de los muletazos Valentín Ruiz resultó de nuevo empitonado, sin consecuencias.

La casta y el trapío de la novillada de Navalrosal desbordaba a Sánchez Mora, un debutante falto de los necesarios recursos para solventar los problemas. Es muy significativo, no obstante, que a su primero, revoltoso y sin fijeza en los primeros compases, acabara sometiéndolo en los derechazos y el novillo llegara a embestir con nobleza. Al torero le corresponde el mérito, evidentemente. Luego no cuajó faena, mató mal, y al sexto, de irreprochable boyantía, lo toreó sosamente, sin garra ni hondura. Lo cual no significa nada: es un principante.

Martín Quintana, en cambio, se las sabía todas. Martín Quintana, que derrochó entusiasmo sobre todo en sus entregadas faenas de muleta, dio mejor los derechazos que los naturales, salía de rematar las tandass pegando mandobles al aire, abrió mucho el compás aunque no cargó la suerte y frecuentemente la descargaba sin disimulo, con lo cual no hacía sino repetir el toreo moderno que practican las figuras.

Claro que las figuras no torean toros de casta (¡ni locos!), mientras casta, y presencia, y astifinas defensas tenían los de esta novillada. Y Martín Quintana cortó una oreja. Y ahí quedó eso

Novilladas como ésta de Navalrosal que mató Valentín Ruiz en 1999 no las ha visto Cayetano ni en pintura, pese a que son las que de verdad enseñan a los aspirantes a matadores. Tendrá que aprender en el escalafón superior todo lo que no ha asimilado como novillero, y para eso se necesitan años: unos años en los que exprimirá lo más que pueda, como su hermano, la popularidad que le ofrecen los de la prensa-basura del corazón. ¿Qué importa el toreo verdadero? ¿Qué importa la Fiesta?

Mi enhorabuena a Valentín Ruiz por su alternativa (cuatro orejas y un rabo: más trofeos que Cayetano), y también a los ciudadanos de Barajas de Melo por la inauguración de su nueva plaza de toros.

2 comentarios:

Pablo G. Mancha dijo...

Me sumo a la enhorabuena de Valentín Ruiz y me descubro ante la belleza de la crónica de Jaoquín Vidal

pgmacias dijo...

¡Por supuesto, enhorabuena Torero!. La crónica MAGISTRAL.