martes, 17 de octubre de 2006

"El público no tiene ni puta idea"

Monumento al toro de lidia en Ronda, donde no han visto uno así desde los tiempos de Pedro RomeroAyer por la noche, mientras estaba tranquilamente esperando en el sofá a que empezase esa serie policiaca, CSI, a la que estamos enganchados la mitad de los españoles, pusieron un avance de Operación Triunfo, el concurso de cantantes noveles que también tiene gran aceptación pero que yo no disfruto. Pegué un respingo cuando escuché a una concursante (creo) dirigirse a otra en unos términos parecidos a los siguientes: "El público no tiene ni puta idea; si desafinas nadie lo va a notar"

Tenía razón. En los espectáculos, en general, el público lo que quiere es divertirse sin complicarse la vida. No tiene ni idea de cuáles son los rudimentos del teatro, o de la música, o de los toros, ni le interesa hacer el esfuerzo de aprender. Por eso en el mundo de la farándula tienen mucha más probabilidad de triunfar los guapos, y en los toros los pegapases que a los aficionados nos parecen insufribles.

Contra el deterioro que produce en la Fiesta el público no iniciado que va a los toros a divertirse en vez de a disfrutar (que no es lo mismo), no se puede luchar de otra manera que no sea intentando buscar aficionados nuevos, gente que se interese de verdad por la tauromaquia. Para ello es necesario que en el ruedo pasen cosas diferentes al pegapasismo destajista frente a toros moribundos que impera en la actualidad. Es un círculo vicioso del que es dificilísimo salir porque las plazas de temporada, que son las que de verdad hacen afición, se las han cargado los taurinos a base de programar espectáculos infumables fuera de las ferias.

Hace años en Madrid, por ejemplo, se programaban durante el verano carteles interesantísimos con ganaderías y toreros que no solían contratarse en la feria de San Isidro. Los toros lo eran de verdad, y los matadores tenían más personalidad y recursos que cualquiera de estos clónicos que salen ahora de las nefastas escuelas taurinas. Había espectáculo y, aunque la plaza no se llenase, se hacían taquillas bastante potables para el empresario y el público, aficionado o no, se iba a su casa tan contento.

El toro actual: capitidisminuido, inválido, descastado y bobalicónComo ese tipo de festejos ponía en evidencia a las charlotadas que se celebraban en otros cosos, el aparato propagandístico del taurinismo profesional decidió cargárselos aduciendo que "a los modestos no se les puede echar a los leones", y otras demagógicas memeces semejantes. Por su parte los modestos, que suelen ser bastante imbéciles, decidieron suicidarse profesionalmente pidiendo ganado "de garantía", que es como los toreros llaman al toro inválido, descastado y bobalicón. Con el "toro artista" tenían todas las de perder frente a los que podían permitirse contratar grandes páginas de publicidad y tener a unos cuantos plumillas a sueldo.

Perdieron los modestos y perdimos todos. El resultado fue que gran parte de las ganaderías encastadas desapareció, pues basaban su viabilidad económica en colocar una corrida veraniega en Madrid y en otras plazas de temporada, y que los toreros de segunda fila no lucían con el torillo feble y amodorrado. Al resentirse la calidad del espectáculo la afición desertó, y así nos encontramos ahora: los empresarios dicen, sin ponerse colorados ni nada, que la gente no va a las plazas fuera de feria. ¡Porca miseria!

3 comentarios:

Rober dijo...

ja, ja, yo también vi el comentario de "OT".
Cuanta razón llevas...

Anónimo dijo...

Magnífico artículo Bastonito; por mi parte lo suscribo en su totalidad.

pgmacias dijo...

Que verdad es, bastonito...así está el patio