lunes, 18 de diciembre de 2006

Plazas de toros de Barcelona

El primer coso taurino que se construyó en Barcelona, en el barrio de La Barceloneta, se inauguró el 26 de julio de 1834. Esta plaza, llamada de El Torín, fue objeto de varias ampliaciones y reformas hasta quedar totalmente finalizada en 1888, con una capacidad de unos 12.000 espectadores. El último festejo en ese coso, que fue demolido en 1944, se celebró el 23 de septiembre de 1923.

De Las Arenas de Barcelona sólo han dejado la fachadaLa plaza de Las Arenas, segunda de las construídas en la Ciudad Condal, se inauguró el 29 de junio de 1900 y era capaz de contener unos 15.000 espectadores. El festejo con el que se cerró su vida taurina fue el 19 de junio de 1977. Hoy sólo queda la fachada de estilo mudéjar y en breve será un centro comercial (ver foto).

Por fin, la Monumental (antes llamada de El Sport) tiene un aforo de unos 20.000 espectadores, y se inauguró el 12 de abril de 1914, reinaugurándose cuando estuvo completamente finalizada, en 1916. Es de estilo modernista y la única de Barcelona en la que se siguen celebrando espectáculos taurinos.

Con estos datos, es fácil comprobar que desde 1900 (cuando se inauguró la plaza de Las Arenas) hasta 1977 (cuando se cerró la misma plaza), funcionaron en Barcelona al menos dos cosos taurinos simultáneamente, lo que no ha ocurrido jamás durante tanto tiempo en ningún otro lugar de España. Pero es que además hubo diez temporadas, desde la de 1914 (cuando se inauguró la Monumental) hasta la de 1923 (cuando se cerró El Torín), en que las tres plazas funcionaron a la vez, y ello es un caso único en la historia de la Fiesta.

La afición a los toros que históricamente han demostrado los catalanes no es explicable por los aluviones de inmigración que beneficiaron a su capital ya que, si por ello fuera, ahora harían falta en Barcelona no uno, sino diez o doce cosos, porque su población, entre 1834 y 2005, se ha multiplicado por esa cantidad. Además en el Rosellón, el Conflent, el Vallespir y la Cerdaña, donde son tan catalanes como los del Ampurdán aunque estén en Francia como consecuencia del Tratado de los Pirineos (1659), se celebran corridas de toros en libertad, con gran éxito y sin subvenciones oficiales, pero también sin las zancadillas que ponen los politicastros catalanes del sur de los Pirineos.

Es cierto que en Barcelona la gente va hoy poco a los toros, pero a lo mejor no es porque no sea aficionada. Quizá el resumen más atinado de lo que pasa en realidad sea el de ese joven barcelonés que habla, con su lenguaje, en un foro de Internet sobre su padre:

Mi padre es hijo, nieto y bisnieto de catalanes y se traga las corridas de San Isidro, las de la Feria de Sevilla y las de los Sanfermines. De hecho, diría que en casa tenemos el Plus sólo para que él vea los putos toros. No obstante, cada vez lo veo más desanimado: asegura que los toreros cada vez son más cagaos y las bestias que sacan a torear ya no tienen nada que ver con esos bicharracos altivos y poderosos que él aseguraba haber visto de joven. Hace décadas que no se acerca a una plaza de toros porque asegura que es una pérdida de tiempo y dinero.
A ver si va a ser eso...

Para terminar, una curiosidad y un enlace. Curiosidad: Los arquitectos que proyectaron las plazas citadas fueron, por orden de antigüedad de las mismas, Josep Fontseré i Domènech (arquitecto municipal de Barcelona), August Font i Carreras (profesor de Gaudí), y Domènec Sugrañes i Gras (discípulo de Gaudí). Por los nombres y apellidos, se me antoja que los tres podrían ser extremeños o andaluces... Enlace: Juventud Taurina de Barcelona

3 comentarios:

ventero666 dijo...

Magnifico artículo

javier dijo...

Mi hermano, aficionado a los toros, fué un habitual de Las Ventas durante sus años en Madrid, vive ahora en Barcelona y no se acerca a la Monumental. No se le ofrece nada de interés.

zujar dijo...

Como sigan por este camino, gracias a "los profesionales de los toros" que viven de ellos, los aficionados nos quedamos sin la fiesta nacional.