domingo, 1 de abril de 2007

El "Bálsamo de Fierabrás" cura a "El Machete"

Cuenta Cossío que, cuando el tratadista y escritor don Luis Carmena Millán escribió su libro “Lances de capa” incluyó en él un artículo denominado “La cogida de El Machete”, tras encontrarse un antiguo folleto de medicina, publicado en Madrid en 1792, que narraba curas maravillosas a partir de un bálsamo inventado y recomendado por el cirujano don Miguel Santa Cruz Villanova. El título del folleto era “Bálsamo prodigioso a favor de la vida de los heridos de puñal, espada y palo”, aunque seguro que cuando don Miguel lo inventó nunca se hubiera podido imaginar su aplicación taurina, para heridas por asta de toro, en el caso que describiremos seguidamente.

Tarros de botica“El Machete” era el apodo de un aficionado que quería llegar a ser torero, del que se desconoce su verdadero nombre y origen, pero que progresivamente fue aprendiendo y mejorando sus conocimientos hasta llegar a ser posiblemente el primer profesional aragonés a pie del que se tienen noticias, pues hay constancia de que en 1754 figuraba ya contratado como primera espada para las fiestas de Zaragoza. Puede deducirse que se iría curtiendo en las capeas pueblerinas y actuaría en las primeras plazas cerradas (Aljafería, Coso y Magdalena) que hubo en la ciudad inmortal, antes de la construcción del actual coso de Pignatelli, que no se inauguraría hasta 1765.

Relata Carmena que “El Machete” salió en una de estas corridas a matar uno de los toros que le correspondieron en suerte que, al parecer, era navarro o castellano y tras unos pocos ceñidos pases de muleta lo citó a recibir, propinándole una gran estocada completa en todo lo alto. Pero, desgraciadamente, el toro se le revolvió y persiguiendo al torero con saña le empitonó por el muslo derecho, cercano a la corva, quedando el infeliz lidiador sentado sobre la cabeza del astado y sujeto arriba, debido a su pierna atravesada. La fiera siguió corriendo por el ruedo, paseando por la plaza al torero de esta guisa hasta que, para sacudirse el peso, de un brusco movimiento lo lanzó a tierra, cayendo “El Machete” exánime y sin sentido. Sus compañeros saltaron a la arena y sería evacuado rápidamente por ellos.

Pero aquí viene lo curioso del relato. Una herida como la que recibió era similar a las producidas en las reyertas callejeras por puñales y espadas y al curandero que le atendió, al parecer, no se le ocurrió otra cosa que aplicar el bálsamo del doctor Santa Cruz al tremendo boquete del muslo del matador. Tras repetidas aplicaciones, cuentan que comenzó a mejorar la herida y al mes de haberse producido el percance estaba ya el torero en disposición de seguir practicando su arriesgada profesión.

Gracias, por tanto, al bálsamo prodigioso del doctor Santa Cruz “El Machete” seguiría toreando unos años más, aunque en el relato no se haga mención alguna sobre la situación de movilidad en que quedó su pierna derecha tras tan grave cogida, ni de las secuelas adicionales que le pudieron quedar posteriormente. Claro que de lo que se trataba era sólo de alabar las cualidades milagrosas del famoso bálsamo, empleado por primera vez para las heridas por asta de toro, aunque, al parecer, no sería la última, pues la noticia se extendió como la pólvora entre los curanderos que atendían en las corridas de toros y a partir de entonces lo utilizarían repetidamente, aunque no siempre llegara a ser tan eficaz como en el caso relatado. Y la gente del pueblo llano, siempre tan chusca y con ganas de broma, empezaría a llamar al ungüento maravilloso del doctor Santa Cruz “el bálsamo de Fierabrás”, aunque la mayoría no hubieran podido leer El Quijote porque, por desgracia, eran analfabetos.

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