lunes, 30 de abril de 2007

Le llamaban Trinidad

Azulejo anunciando Diarretil Juanse en la fachada de una farmacia de MadridDon Trinidad López, a la sazón presidente del festejo celebrado ayer en la Monumental venteña, cedió a la intolerable presión de los mulilleros y se fue de marrón por las calicatas abajo, concediendo a Curro Díaz una segunda oreja que le abría la Puerta de Madrid sin haber toreado con el capote, y ejecutando deficientemente la suerte suprema a un animal bobalicón y tullido que debió ser devuelto a los corrales. Don Trinidad se puso de mierda hasta los corvejones, y enmierdó de paso el prestigio de la que en teoría es la primera plaza del mundo.

A quienes demagógicamente afirman que lo importante no son los despojos que otorga el presidente, sino lo que se siente al contemplar la faena (de muleta, por supuesto), habría que preguntarles qué premio dejamos para las lidias completas, valerosas y artísticas a toros verdaderamente bravos, poderosos y con dificultades. Porque si el taurinismo percibe, como así efectivamente lo ha hecho, que se pueden cortar dos orejas en Madrid con cuatro naturales (bellísimos, eso sí) y un muestrario de pases accesorios (trincherillas, cambios de manos, etc., también bellísimos), podemos despedirnos de los dos primeros tercios y de la estocada.

1 comentario:

Pablo G. Mancha dijo...

Qué pena amigo Bastonito