lunes, 2 de abril de 2007

Me quedan dos telediarios

Lo de ayer en Las Ventas fue inenarrable. Muerto de frío y hastiado, abandoné mi localidad tras el cuarto toro (que era el octavo que salía de chiqueros) en busca de un cafelito resucitador. En el pasillo, hablando con un aficionado, le comentaba que la Fiesta se ha convertido en un espectáculo insoportable; que con festejos así no hay plataformas ni poderes públicos que puedan hacer nada para salvarlo de la desaparición a medio plazo. Él me contestaba que la Fiesta, para sobrevivir, tiene que definirse de una vez. Lo malo es que la Fiesta que quieren los taurinos profesionales es éticamente intolerable y, por tanto, escasamente defendible.

La corrida que enviaron los hermanos Martínez Pedrés para tomar antigüedad en Las Ventas estaba podrida desde el punto de vista físico y también desde el de la casta. Animales que sólo tenían volumen, regordíos, tontos del haba, a los que no se notaba la edad por ningún lado. Emoción nula por parte de los toros, y disposición muy escasa de los toreros. Ya está bien de echarle siempre la culpa al empedrado.

Unos pocos festejos más como el de ayer y me haré antitaurino. Lo juro.

1 comentario:

manon dijo...

Yo también terminaré haciéndome antitaurino. La única solución a esta histroia es que la emoción vuelva a los ruedos. Lo demás será una agonía (más o menos lenta) mientras los taurinos y otras hierbas afines se quejan por que Narbona dice o deja de decir. Si las plazas estuvieran llenas lo que dijera la ministra no tendría la menor importancia.

El domingo que viene vamos a ver como lo que los taurinos llaman un cartelón no llena, en una ciudad de 4 millones de habitantes, un recinto de 23.000 localidades. Seguramente será también culpa de la ministra.