lunes, 9 de abril de 2007

Talavante por la Puerta de Madrid

Talavante dijo que el Domingo de Resurrección era un buen día para morir en Madrid, y El Juli respondió que era un buen día para salir por la Puerta Grande. El extremeño hizo caso al madrileño y aprovechó que la gente estaba hasta las narices de la bueyada de Puerto de San Lorenzo para hacer una faena al sexto inexistente con el capote, emocionante y arriesgada con la muleta, y rematada con una estocada harto defectuosa, de efecto fulminante, que desató el triunfalismo del público y evidenció la falta de valor del presidente para mantener en su sitio la seriedad y el prestigio de la plaza de Madrid.

No seré yo quien niegue que Talavante estuvo ayer bien en Madrid. Por lo menos salió a por todas, que es lo mínimo que puede exigirse a un torero en esta plaza. Pero de ahí a regalarle una salida por la Puerta Grande va un abismo, sobre todo cuando en el conjunto de su labor escuchó tres avisos.

El Juli también estuvo un tanto plasta frente a los dos mulos que le tocaron en suerte. Sin embargo no procede cargar las tintas contra él, máxime si tenemos en cuenta que estamos pidiendo constantemente que las figuras vengan a Madrid fuera de las ferias, y no podemos crucificarlas cuando vengan de la manera que él lo hizo ayer, con evidente honradez, aunque luego las cosas no saliesen redondas.

Por fin, el hijísimo anduvo tirando líneas fuera de cacho toda la tarde. A eso los taurinos lo llaman elegancia, y a la bobaliconería de los toros calidad. Apañados estamos.

(Antes de comenzar el festejo, los aficionados depositamos flores bajo el azulejo dedicado a Joaquín Vidal. Juan Pelegrín publica en las-ventas.com una fotografía de Luis Picazo haciendo lo propio)

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