lunes, 14 de mayo de 2007

Eso como mínimo

Lo que hace unos años hubiese sido una corrida mala de las del montón, ayer hacía frotarse los ojos a los aficionados, pues resultaba extraordinario constatar que, uno tras otro, saltaban al ruedo venteño auténticos toros de lidia. Los cuatro de José Escolar y los dos remiendos de Hernández Pla resultaron mansos en distinto grado, con algunos ejemplares nobles, y todos ellos pusieron a prueba los recursos lidiadores de los toreros, pues tuvieron comportamientos diferentes, poder y movilidad. Ayer, por fin, pudimos disfrutar del tercio de varas por primera vez en la temporada, pues la mayoría de los animales acudieron tres veces al caballo. Faltó bravura, pero no emoción, y nadie se aburrió en Las Ventas.

Más allá de las sesudas, trascendentes y cursilonas interpretaciones de la Fiesta que circulan por ahí, no hay que olvidar que las corridas de toros son un espectáculo destinado a entretener a quien paga por presenciarlo, y que no hay en este mundo nada más insufrible que una corrida de toros aburrida, como las que el público ha tenido que padecer los tres primeros días del culebrón isidril. Cuando hay toro de verdad, bravo o manso, hay espectáculo.

Fernando Robleño agradece los aplausos del público antes de dar la vuelta al ruedo tras la muerte del sexto (Foto: Juan Pelegrín de las-ventas.com)Como ayer hubo toros, podemos hablar hoy de los matadores. El Fundi fue el único que mató dos toros de José Escolar, su suegro, quien debería retirarle de inmediato la palabra, pues lo que hizo el de Fuenlabrada con su primero no se le hace a la familia. No es que el toro fuese de bandera, pero derrochó una casta, una nobleza y una alegría en sus embestidas que el matador se encargó de tapar todo lo que pudo. Al cuarto, de peor catadura, se lo quitó de enmedio sin contemplaciones después de darle una lidia desastrosa.

A José Ignacio Ramos le tocó en primer lugar un escuderocalvo de los de antes, una auténtica alimaña de aquellas que Ruiz Miguel se comía con patatas y frente a la que Ramos ni pudo ni supo estar siquiera decoroso. Con su segundo, de Hernández Pla, que era de triunfo grande, estuvo desconfiado y fuera de sitio. Una pena.

Fernando Robleño tuvo que recurrir a la heroica porque le soltaron otra alimaña de Escolar y un manso de solemnidad de Hernández Pla. Estuvo hecho un jabato, aguantando gañafones espeluznantes en terrenos imposibles, y pudo cortar una oreja al sexto. Esta vez los mulilleros anduvieron prestos en llevarse los despojos del animal y, todo hay que decirlo, no estaba Trinidad López en el palco.

Volvemos a recomendar la crónica de Jandro y la de Joaquín Monfil, dos interpretaciones diferentes del mismo festejo, pero ambas desde la óptica del aficionado y coincidentes en una cosa: hubo toros.

(Curro Díaz viene por Talavante el día del Santo Patrón. Menos mal que la empresa ha hecho algo con sentido)

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