martes, 1 de mayo de 2007

Ismael López, Jiménez Caballero y Chechu en Las Ventas

Estoy casi completamente de acuerdo con la crónica que hace Alberto Urritia en El País de la novillada que se celebró ayer en Las Ventas. No tanto con la reseña que la encabeza y que, lamentablemente, no aparece en la edición electrónica gratuita. Dice en el papel que se lidiaron tres novillos bravos y tres encastados de Montealto, y lo cierto es que poco o nada pudimos ver a los animalitos en el caballo. Se confunde movilidad con casta y hasta con bravura; se tacha de bravos a algunos animales que salían rebotados de los petos en cuanto sentían el hierro...

Pese al frío, al viento y a la lluvia, la novillada de ayer nos hizo recordar a aquellas a las que, no hace tanto tiempo, estábamos acostumbrados en Madrid: novillos bien presentados y novilleros que salían a por todas desplegando todos sus recursos lidiadores, que unas veces eran escasos -por algo eran novilleros- y otras, las menos, amplios, pero siempre con una férrea voluntad de estar bien y de justificarse ante el público venteño. Ayer hubo algo de eso en Madrid y cabe agradecérselo a los matadores de novillos alternantes, pues últimamente no solo escasea la casta en los morlacos.

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