miércoles, 6 de junio de 2007

Una merendola impresionante y medio toro para recordar

Barruntando que el frágil Morante iba a pegar otro petardo en la Corrida de Beneficencia, un grupo de aficionadas de la Andanada 7 decidió convidarnos a merendar: Begoña trajo sus tradicionales y excelentes filetes de lomo empanado con pimientos, Ester unos riquísimos cruasanes rellenos de jamón de York y huevo hilado, Henar un quiche magnífico, y Marisa su sin par tortilla de patatas. De postre hubo cerezas.

Comenzamos a batir las mandíbulas muerto el segundo toro, cuando el aburrimiento empezaba a hacer mella en nuestra maltrecha afición, y conseguimos matar lo más plúmbeo del festejo comiendo entre risas durante tres toros. Luego pudimos ver lo único que medio mereció la pena de la corrida con el estómago lleno y el espíritu henchido de morantista pasión.

Foto: Juan PelegrínSin embargo no vaya a pensar el paciente lector que la merienda nos hizo perder ripio de lo que ocurría en el ruedo. Antes al contrario, pudimos constatar que salieron de chiqueros seis toreznos medio tullidos -algunos inválidos del todo-, de cuasi-robótica bobaliconería, elegidos de entre lo más podrido de la cabaña ganadera española. El de La Puebla del Río anduvo durante los primeros cinco toros por allí como mohíno, dejando alguna pincelada de su tan cacareado arte y derrumbándose anímicamente a medida que transcurría la corrida. Hasta que llegaron el porrazo del quinto, la espera y el transfigurado Morante que salió de la enfermería.

Recibió al perritoro que hizo sexto con unas verónicas de ensueño, no permitió que le diesen más que dos picotazos, quitó por verónicas excelsas y por delantales primorosos, colocó tres pares de banderillas en corto -destacaron el primero y el tercero, éste al cambio- e instrumentó por bajo unos pases al inicio de la faena de muleta que salieron de cartel.

- ¡Un montón de años pagando psiquiatras, y tiene que arreglarle el magín el porrazo de un toro! - clamaba la afición entusiasmada.

Pero la cosa no daba más de sí. Con el ruedo lleno de sombreros el toro había perdido el resuello y Morante se perdía también en una intentona estéril de hacerle embestir con una largura que ya era metafísicamente imposible. Tras un metisaca y una estocada baja, la plaza pidió y consiguió que el presidente otorgase una oreja al matador, y fue por su disposición y su labor con capote y banderillas en los dos primeros tercios, no por la faena de muleta.

4 comentarios:

jotaeme dijo...

Sinceramente, las gracietas sobre los problemas mentales de una persona me parecen fuera de lugar.
El mismo autor de este blog ha señalado que él ha tenido también problemas físicos que le han llevado al hospital (la mente no es más que otro órgano de nuestro cuerpo), y pienso que no le agradaría que nadie hiciera unas gracietas con esos males.

bastonito dijo...

La expresión no se trata de una gracieta, sino de la constatación bastante suavizada de lo que se oía en la plaza, que más o menos era algo así como "ya le podía haber espabilado el primero en vez de el quinto". Otra cosa es que resulte adecuado o políticamente correcto decirlo. De todas formas mis disculpas si tú o cualquier otra persona se ha podido sentir ofendida o molesta.

Appiano dijo...

En cualquier caso Morante es de los pocos que pueden decir el toreo.
Espero que esta nueva cornada, esta vez de espejo, no le influya negativamente pues el toreo está muy pero que muy necesitado de toreros de este tipo.

Juan Ayala dijo...

Sin ser tan entendido como Bastonito, la imagen del torero que se viene arriba tras un "susto" del toro, es algo que si he visto varias veces a toreros de distintos pelajes ¿ vergüenza torera? ¿ o es que demostrar valor tras una voltereta garantiza una oreja ?