martes, 17 de julio de 2007

Céret de Toros '2007: De la sangre de un torero y de la falta de torería de un histrión

La edición de este año de la feria de Céret ha estado marcada por lo que pudo ser una mayúscula tragedia que se quedó en una seria cogida. De regreso a Madrid, en el momento de escribir este post, los medios de comunicación han informado de lo más básico, han aparecido fotografías de la cogida de Luis Francisco Esplá en la Red y una emisora de TV ha emitido el vídeo del percance. Afortunadamente hoy sabemos que el torero a quien por unos minutos creímos muerto en la plaza ha recobrado la consciencia y se recupera en un hospital de Perpiñán de las lesiones que le infirió el domingo un toro de la ganadería de Valverde en el pequeño ruedo ceretano. Procede, por tanto, hacer ciertas apostillas de tono menor a lo dicho en algunos lugares y aclarar lo ocurrido en la puerta de cuadrillas de la plaza, fuera de la vista del público, tras la muerte de Servicioso, nº 45, nacido en septiembre de 2002, colorado ojinegro, de 530 Kg., primero de la tarde.
La cogida había sido horrorosa, la más espeluznante que quien esto escribe haya visto en directo. Siento disentir de quienes hablan del viento como principal causante del percance, porque lo que yo vi fue uno de los clásicos excesos de confianza del maestro Esplá. En efecto, Servicioso, sosote y mansurrón, había sido noble durante toda la lidia, y quizá por ello el de Alicante se quedó quieto en la cara del toro a la hora de rematar por alto una serie en las postrimerías de la faena de muleta. El animal no tuvo más que alargar la gaita y engancharle por el bajo vientre en una certera cabezada. Ya había tenido Esplá otro percance en Céret por exceso de confianza cuando uno muy bravo de Juan Luis Fraile le rompió la nariz y algunas costillas entrando a matar.

Es verdad que al principio del festejo hacía viento (luego amainó bastante), pero un matador de la experiencia de Esplá no podía ser ajeno a ello. Allí había un toro de verdad, en puntas, con poder y con el peligro de la casta, y por eso vamos todos los años a Céret: en la posibilidad de la cornada e incluso de una muerte que nadie desea está la verdad de la Fiesta, esa que convierte a toreros como Luis Francisco Esplá en héroes.

En plena conmoción general, con Esplá en el lecho del dolor y varios espectadores desmayados recibiendo cuidados de las asistencias, Juan José Padilla despachó al toro y se fue hacia la enfermería, que está situada en la puerta de cuadrillas. Allí se derrumbó anímica y profesionalmente pues, pálido y tembloroso, manifestó al presidente del festejo y a los representantes de la ADAC que se iba porque con ese viento era imposible torear. Entonces el otro matador, Sánchez Vara, fue preguntado por si estaba dispuesto a matar los cinco que quedaban en solitario y dijo que sí, pero su cuadrilla se negó.

Más de media hora duraron las gestiones para tranquilizar a Juan José Padilla, el Ciclón de Jerez, y convencerle de que volviese al ruedo para cumplir con su obligación. No es que estuviese suspendido el festejo, es que quien había quedado como director de lidia pretendía marcharse, o huir, o darse a la fuga llamando "insensible" a ese gran aficionado llamado Francis Manent, alcalde de Saint-André, que era quien ocupaba el palco y tuvo una actuación irreprochable. Tomaba Padilla como excusa a un viento que soplaba mucho más fuerte a las seis de la tarde y que no le había impedido hacer el paseíllo. Cada cual que lo interprete como quiera. Yo lo llamo pavor y falta de torería.

Mientras tanto la ADAC informaba por la megafonía de la plaza del estado del matador herido y de la marcha de las "negociaciones" con Padilla. Incluso al final del festejo el médico jefe de la enfermería de Céret, miembro de la ADAC, tomó el micrófono para tranquilizar a los espectadores, dando datos sobre el alcance de las heridas y sobre el hospital al que había sido trasladado Esplá. Así se hacen las cosas.

Vueltas las aguas a los cauces de la normalidad, tuvimos la mala suerte de que el tercer toro se rompiese el cuerno derecho por la cepa, con lo que el asta quedó inutilizada y bamboleante. Precisamente por ese inofensivo lado se hinchó Padilla a trapacear, y más por las secuelas de lo vivido un rato antes que por los méritos del jerezano, el público pidió una oreja que el "insensible" presidente concedió y que los "energúmenos de siempre" protestamos.

La corrida de Valverde (no del Cura de Valverde, que lleva en el otro mundo trece años), tomó entre diecinueve y veintiuna varas, según como las contemos. Estuvo excelentemente presentada y resultó en general bronca y mansa. Evidentemente no fue boyante aunque salvo excepciones tuvo nobleza, y si no hubiese ocurrido el percance de Esplá yo creo que la gente habría salido razonablemente satisfecha del festejo.

En el coloquio que cerraba la feria, el presidente de la ADAC aseguró que Juan José Padilla no volverá a anunciarse en la plaza de Céret. A ver si es verdad y, tras Madrid, la plaza catalana es la segunda que veta al máximo representante de la antitorería.

La feria había comenzado el sábado con un fiasco protagonizado por las infumables y desigualmente presentadas reses de Charro de Llen, que sustituyeron de urgencia a la anunciada corrida de Rekagorri. Nada digno de mencionar en un festejo destinado al fracaso por las limitaciones sanitario-ganaderas y el tufillo político, pues se había programado como un oficioso homenaje para mayor gloria del taurinismo bilbaíno, que en principio lidiaba sus toros y anunciaba a un torero de la tierra, todo ello con un ex-presidente del Club Cocherito de Bilbao en el palco. No tengo nada contra los aficionados de Bilbao, y menos aún contra los de la ADAC, pero sí contra el hecho de mezclar política y toros, y eso cada vez se hace más descaradamente en Céret.

La reconciliación de los aficionados foráneos con la ADAC llegó el domingo por la mañana, con una magnífica novillada de Zaballos, que envió unos saltillos en tipo, variados de comportamiento y de muy interesante juego. Al menos hubo tres de gran boyantía que pudieron ser desorejados por los novilleros. Las cuadrillas estuvieron desastrosas y lo que podría haber sido una novillada triunfal se quedó en un festejo nada más que entretenido, lo que no es poco dados los tiempos que corren.

Novillo de Zaballos en Céret '2007
Ya estamos esperando con ilusión volver a ver a los amigos de Céret en julio de 2008, como muy tarde.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Martín estaba esperando tus noticias de Ceret.
Una vez más, gracias por informarnos.
Una vez más, se demuestra que los mindunguis se rajan ante toros y que de toreros no tiene nada, vulgares payasos del circo que tienen montado.
Una vez más, un torero con dignidad sale peor parado que los figurines mantenedores de los periodistas vendidos.
Fíjate que mientras vosotros estabais en Ceret, una antigua figura del toreo, hoy tristemente un pelele en manos del taurineo y de la prensa del corazon, denuncia en tv que los toros estaban pinchados en Fuentesauco, pero no solo esa corrida denuncia que siempre lo hacen.
Esa es la diferencia de su fiesta y nuestra Fiesta.
Gracias y gloria para un toreroen toda la extensión de la palabra, con sus grandezas y con sus limitaciones, pero un torero.

Cárdeno dijo...

Ya tenia ganas de leer/ver/escuchar una versión distinta a la “oficial”, no estuve presente en la Plaza, pero por todas las cadenas (creo), se ha repetido la cogida y por lo que intuyo, es cierto lo que dice Martin del exceso de confianza he incluso diría que al echar un pasito “pa tras” se quedo al descubierto.
Jamás me alegrare de que cojan a un Torero, pero tampoco me harán comulgar con ruedas de molino, otorgándoles orejas por no hacer las cosas como se deben, la mayoría de las veces, la culpa la tienen ellos mismos, así paso también con la que si presencie de Ferrera en Teruel.
Me alegro que os lo pasarais, al menos entretenido,… por los carteles de éste año la cosa no pintaba bien.

Salud y suerte.

Cárdeno.