domingo, 22 de julio de 2007

De la gloria y la vergüenza

No soy quién para dar lecciones de periodismo a nadie, pero sí lo soy para reclamar que la información que se me ofrece (y se me vende muchas veces) sea veraz y completa. Como devorador de espectáculos e información taurinos tengo derecho a que los productos que consumo estén en las mejores condiciones posibles y en este mundo, incluso cuando se trata solamente de elaborar reseñas de festejos, suelen aflorar la vagancia, la incompetencia, la falta de imaginación o el miedo a perder prebendas tan peregrinas como el abrazo de un torero o la invitación a una tienta-cuchipanda. De los sobrecogedores ya ni hablamos.

Todo lo anterior se ha evidenciado durante la semana pasada, tras los gravísimos hechos ocurridos en Céret. En aquella localidad francesa acaecieron el domingo dos sucesos que, aunque íntimamente relacionados, deben ser tenidos en cuenta de forma separada: uno fue la horrorosa cogida que sufrió Luis Francisco Esplá, y el otro el intento de espantada de Juan José Padilla.

Sobre lo primero se ha informado suficientemente porque era lo fácil: había partes médicos oficiales, declaraciones de personas del entorno del torero que surgían como champiñones en una cueva, soporte gráfico gratuito abundante, e incluso rueda de prensa final. No hacía falta más que aplicar el protocolo habitual en estos casos, que consiste en ordenar la información y presentarla al consumidor correctamente desde un punto de vista formal. No veo muy necesario tener que cursar una carrera universitaria para eso; con el bachillerato es más que suficiente y, aún así, alguno ha tenido un marronazo de consideración.

Campos y ruedos es la bitácora que mejor ha informado sobre lo ocurrido el domingo pasado en CéretSi la cogida de Esplá era noticia por su extrema gravedad aparente, una vez fuera de peligro el diestro pasaba a primer plano la otra cuestión, la del hombre que muerde al perro. Y es que jamás en la historia de la tauromaquia se había producido el hecho de que un matador de toros intentase abandonar la plaza tras la cogida de un compañero. Se han suspendido corridas tras una muerte en la plaza, pero lo ha hecho el presidente a petición del público conmocionado, no los toreros, y en esta ocasión ni hubo una muerte, ni petición popular, ni siquiera iniciativa presidencial. El Ciclón de Jerez tomó las de Villadiego por su cuenta y sin consultar a nadie.

De esto, de lo difícil, de lo que exige auténtico periodismo, trabajo, visión crítica, informaciones contrastadas y valor para mojarse, sólo han dado cuenta (s.e.u.o) las bitácoras taurinas, como si al aficionado no le interesase (o no le debiera interesar) que hay un torero al que le falta ánimo para apechugar con una corrida de toros que ha herido de mucha gravedad a un colega.

Juan José Padilla, a quien por otro lado no se le niega la medalla de haber estado a las puertas de la muerte cuando uno de Miura casi le arrancó la cabeza en Pamplona hace unos años, ha demostrado ahora en Céret, queriendo marcharse y toreando después un toro por el lado del cuerno partido por la cepa, una falta de consideración hacia el público suficiente como para ser inhabilitado para el ejercicio de la profesión. De esto, los medios oficialistas del taurinismo no han dicho ni pío.

Gloria para Luis Francisco Esplá, herido en el ejercicio de su profesión; honor para Sánchez Vara, que mostró su disposición a matar en solitario la corrida de Valverde; felicitaciones a la ADAC, que mantuvo informado al público y, junto con el presidente, convenció al Ciclón de Jerez de que cumpliese con su obligación tras más de media hora de negociaciones y de incertidumbre. Vergüenza, por fin, para Juan José Padilla, y para los mediocres informadores profesionales que han tapado lo ocurrido.

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