miércoles, 25 de julio de 2007

¡Sí señor!

Lo había enlazado en el post anterior, pero he releído el artículo de Juan Antonio Hernández y creo que se merece un enlace a lo grande, con todos los honores, tal que asín:

Hay segunda entrega, y es esta:

5 comentarios:

Juan Antonio dijo...

Gracias Bastonito. Espero que al hablar en general no me haya pasado. Me siento impotente por no ser capaz de trasmitir, que estos montajes solo sirven para seguir degenerando la fiesta. En fin. Creo sinceramente que hemos perdido la guerra, fíjate bien lo que digo, la guerra no la batalla. Nuestra fiesta ya no existe. Ahora es un sucedáneo como lo puede ser los recortadores o los caballitos, pero no una corrida de toros.

Esperemos que aunque seamos cuatro, algún día volvamos a ver una corrida de toros. Fíjate que de todo San Isidro, lo único que hemos visto de verdad, han sido las verónicas de Morante. ¿Cuanto tiempo hacia que no veíamos recibir un toro así? pues eso que debía ser la norma, ya no existe en la tauromaquia moderna, todos al hilo de las tablas y lo dejan en las tablas, es un ejemplo. Dejo a parte la lidia de Rafaelillo porque no fue torear, eso fue lidiar y por cierto con dos cojo….

A que viene este rollo. Lo que te comentaba antes, seguimos apoyando el toreo a pies juntos donde no se manda, los enganchones con novillos etc. y solo porque los otros supuestos figuras tampoco torean. Pero si esto fuera para espolear a esos supuestos figuras, pues vale que vengan, pero sabemos de antemano que es para salvar la cara al taurineo y su plataforma.

En fin, perdona por extenderme.

bastonito dijo...

Yo creo que lidiar es torear, y que lo mejor de San Isidro fue lo de Rafaelillo. De todas formas te entiendo cuando hablas del toreo de Morante, porque intuyo que te refieres a la plasticidad, y entonces sí que sus verónicas fueron de lo mejor.

En cuanto a las generalizaciones, que se de por aludido quien quiera por tu artículo. Siempre hay excepciones, pero no va a estar uno constantemente diciendo "menos fulano, y menos mengano". Cada cual tiene su conciencia y sabe si se dirigen a él o no.

Un abrazo, y enhorabuena otra vez.

manon dijo...

Pues sí, yo coincido en que lo de Rafaelillo fue torear, y con todas las letras. Lo de Morante se le pareció porque le pegó una docena, ganó terreno y estéticamente fue lo mejor de los 30 días de toros.

La guerra empezó a perderse, me imagino, el día que alguien se inventó el término "figura del toreo". El inspirador de la invención, distinguido sobre los demás, empezó a exigir más facilidades para hacer su trabajo de "figura del toreo" y se jodió. Desde entonces, más o menos, andamos cuesta abajo y no hay manera de frenar.

manon dijo...

Por cierto, se me olvidaba que el tema del post era el artículo de Juan Antonio. Absolutamente de acuerdo. Las tres últimas temporadas de JT ya fueron un puro montaje. Muy raro sería que hubiera vuelto para desanadar el camino de la comodidad y el dinero fácil. Esto sin olvidarnos, claro, no vayan a echarme la bronca, de que hasta las vaquillas matan, ya lo sabemos todos. Pero es innegable que un cinqueño con todos sus atributos es más mortífero que una vaquilla o que uno de los becerros mochos abulenses.

Anónimo dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con J.A. Hernández. En todo el fondo, claro. Respecto a la forma, qué ridículo queda eso de "las plazas del Estado" (sic). No sabía que el Estado gestionaba todas esas plazas. En fín, complejos de algunos. O pánico por ver escrita la palabra España.
Sé que no tiene que ver con el tema central, con el que estoy de acuerdo. Sin toro no hay Fiesta. Solamente una danza amanerada delante de un borrego.
En cierta manera el sr. Hernández, el compañero de Estado (parecemos funcionarios), me ha liberado de la zozobra que me invade cuando alguien me pregunta por mis preferencias toreriles. Me recuerda cuando en mi adolescencia nos "repartíamos" las chicas de clase sin ninguna convicción y sin el valor de decir que no me gustaba ninguna por no ser tachado de niño. Pues bien, estoy de acuerdo con el Sr. Hernández: no me gusta ningún torero si no lo veo frente a un toro. Y si alguien me pregunta, mi torero es Antonio Bienvenida, muerto cuando yo tenía apenas cuatro años pero, por lo que he leído de él, la torería personificada. Lo contrario de lo que se ve ahora, con alguna excepción.
saludos
Pablo del Valle