miércoles, 15 de agosto de 2007

La mansedumbre y el descastamiento son incompatibles

Quien haya acudido a las dos últimas corridas de toros celebradas en la Monumental de Las Ventas habrá podido observar una clara diferencia: los del domingo pasado, de Hernández Pla, fueron mansos de solemnidad, pero vendieron cara su vida y mantuvieron el interés del espectador. Tenían casta.

De los seis titulares de hoy, de Manuel Ángel Millares y Espantalobos, uno fue devuelto por inválido a los corrales, y otros tres se tumbaron durante la faena de muleta, siendo apuntillado uno de ellos. Estaban descastados, no merecían ser llamados toros de lidia y aburrieron al respetable.

Donde hay casta salen toros mansos, es verdad, pero también bravos, y unos y otros dan vida al espectáculo. Donde no hay casta no salen ni bravos ni mansos; sencillamente no salen toros, y el espectáculo es insufrible.

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