sábado, 24 de mayo de 2008

Casi tocando fondo

El jueves no fui a los toros porque olía la tostada; no siempre me voy a equivocar como con los novillos de Montealto. Acerté de lleno, aunque he de reconocer que es mucho más fácil hacerlo cuando se apuesta a que el festejo será insoportable, tal es la calidad del espectáculo que suelen ofrecernos.

Ayer, viernes, sí me acerqué por Las Ventas. El cartel era muy parecido al del mismo día del año pasado, cuando El Juli salió en hombros, aunque esta vez quien abría plaza era Morante en lugar de Uceda Leal.

Paraguas en Las Ventas, por Lupimon
La corrida de Victoriano del Río, correcta de presentación, adoleció de falta de fuerzas, y la suerte de varas se simuló. Antes en Madrid era imposible triunfar con un toro inválido, pero el niño Dolls casi lo consigue en el sexto, un animalillo sin picar, dócil y moribundo, con el público calado hasta los huesos y deseoso de que aquello le sirviese, al menos, para poder contar en la oficina que había visto no una oreja en Madrid -la del cuarto que el presidente regaló a Morante-, sino dos, oye, ¡dos orejas en una misma corrida!

La distancia entre Madrid y Benidorm, en cuanto a seriedad de sus plazas de toros, cada vez es más pequeña; y no es porque la de Benidorm se esté haciendo más seria. Pero no me apetece escribir más y seguir dando vueltas una y otra vez a la invalidez del ganado, a su bobaliconería, a lo pesados que se ponen los toreros, a los palcos triunfalistas, al público verbenero y a los taurinos sinvergüenzas. Que les den a todos para ir pasando.

Nota: La foto, de Lupimon.

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