jueves, 15 de mayo de 2008

El síndrome

Un derribo, por LupimonEn Las Ventas -no sé si también se da en otras plazas- esa masa diferenciada de la afición y mucho más grande llamada público, manifiesta en determinadas ocasiones una serie de síntomas que configuran lo que podríamos llamar el síndrome de la oreja del sexto toro. Se produce cuando la tarde deviene en plúmbea e insoportable, que es justo la que un mohíno Esplá y un desacertado Encabo se empeñaron en ofrecernos ayer, con la inestimable ayuda de un descastado encierro de José Luis Pereda. Ocurre que en estas tardes de síndrome llega un tercero en discordia que, sin hacer nada del otro mundo, lanza dos sonrisitas al sol, pega cuatro carreras, se muestra bullidor y con interés, mata de forma eficaz, y se lleva una oreja por la cara. Eso es lo que le pasó a Ferrera ayer: haciendo poco o muy poco robó la cartera a Esplá, que parecía que venía a Madrid nada más que a hacer caja, y a Encabo, que aunque puso voluntad no le salió casi nada bien.

El síndrome de la oreja del sexto toro es una especie de síndrome de abstinencia. El público, que ha estado dos horas reprimiendo sus ganas de aplaudir, se encuentra al fin con algo que merece unas palmas, y el entusiasmo se desborda de una forma desmedida. Yo creo que va a haber más orejas de éstas en San Isidro '2008.

NOTA: Edito el post un día después para poner la estupenda foto de Lupimon, que evoca tiempos pretéritos.

2 comentarios:

Sánchez-López dijo...

¿Ayer había mayoría? ¿O tambiñen se contagió el presidente?

bastonito dijo...

Pues había una petición de esas que lo mismo se puede dar la oreja que no. Es decir, que no había mayoría. Lo cierto es que la oreja se protestó bastante y que no fue solo el 7 quien lo hizo, pero no es menos cierto que con la misma petición se han concedido orejas que no se han protestado.