jueves, 3 de julio de 2008

Apostillas al artículo de un gran aficionado

CARTA ABIERTA A LUPIMON

Admirado Luis:

He leído con atención no una, sino varias veces, tu artículo sobre las dos últimas comparecencias de José Tomás en la Monumental madrileña, y creo que estoy en condiciones de darte la razón en algunas cosas y rebatirte otras. De todas formas, como no es cuestión de empezar la casa por el tejado, y puesto que este post está destinado, como tu artículo, a que lo lea más gente, quiero dejar sentados unos principios con los que creo que todos los aficionados estamos de acuerdo. Y es que en tauromaquia hay varias líneas rojas que no pueden sobrepasarse, so pena de convertir este espectáculo maravilloso e imponente en una carnicería sin sentido. Considero que esas líneas son las siguientes:
  • La primera y más importante es la de la materia prima, el toro, que debe tener edad, casta, poder y trapío. Salvo el imperativo reglamentario de un máximo de seis años para la edad, todos coincidimos en que cuanto más tengan los toros de las otras tres características, mejor. Debe advertirse asimismo que la integridad del animal es irrenunciable y que sus astas, su fuerza o su comportamiento no pueden ser alterados artificialmente antes de saltar al ruedo. Todo esto parecen perogrulladas, pero hay que repetirlas una y otra vez porque la tendencia natural de las mangas taurinas es ensancharse.
  • La segunda línea que no debe sobrepasarse es la de la falta de torería, entendiendo como tal el conjunto de virtudes que deben adornar a quienes libremente han elegido el oficio de lidiar reses bravas. Estas virtudes son fundamentalmente dos: el valor y la técnica, que se ven complementados por una multitud de pequeños detalles que para algunos parecen más importantes que los dos principales, y que entre todos configuran lo que llamamos la personalidad de cada torero.
Sentadas estas bases, veamos lo que pasó en los dos días que José Tomás actuó en la plaza de Madrid, y en sus prolegómenos (todo lo que entrecomillo a continuación es tuyo).

Coincidimos en que, tras una temporada de rodaje en plazas poco exigentes, José Tomás se presenta en Madrid el día 5 de junio con "unos compañeros que, en principio, no molestan y ganado apropiado para su lucimiento." Apostillo: Cuando un torero no quiere que le molesten los compañeros se anuncia con seis toros como único espada; evitar la competencia en la Fiesta me parece un fraude porque devalúa el espectáculo desde su mismo planteamiento. Lo mismo ocurre cuando se escogen los toros y los sobreros, pues quien se tiene por figura del toreo debe ser capaz de lidiar con un mínimo lucimiento reses de todas las condiciones. ¿Que lo hacen todos? No creo que esa sea una razón para justificar la actitud de quien, él sí, es tenido por muchos como salvador de la Fiesta.

También coincidimos en que "podía haber venido con una ganadería más dura, con las astas limpias, con otros compañeros, con los sobreros de siempre, con TV...", y en que "hubo series con alivio, pico y enganchones, toreo lineal y al hilo del pitón." Vuelvo a apostillar: Si la ganadería era cómoda, si las astas no estaban limpias, si los compañeros eran poco menos que ursulinas, si los sobreros estaban elegidos a modo, si se alivió, si hubo enganchones y pico... realmente no entiendo por qué se le dieron ese día cuatro orejas, a no ser que tanto trofeo estuviese motivado por esa "campaña de marketing perfectamente orquestada y hasta ahora desconocida en el mundo de los toros" que mencionas. Yo le hubiera dado una oreja de cada toro por imperativo reglamentario (es decir, por las peticiones mayoritarias que hubo), y hubiera salido igual por la Puerta Grande. El regalo de las cuatro orejas sirvió para que la campaña se acentuase hasta el punto de que, pocos días antes de la segunda actuación, hubo quien afirmó en un diario de difusión nacional que ya era hora de conceder un rabo en Madrid a José Tomás.

Pidiendo un rabo para José TomásEn un ambiente de histeria colectiva llega el día 15. La corrida escogida por el de Galapagar sale moruchona e inválida, y eso es algo que nos imaginábamos todos los que hemos seguido el devenir de esa asquerosa ganadería en los últimos tiempos. Supongo que tú también. Entonces, ¿por qué se empeñan los toreros en general y José Tomás en particular en pedir esos toros? Los remiendos y el sobrero tampoco valen nada. ¡Así se viene a Madrid! Por otra parte, prescindiendo de hablar del ganado, en esta tarde José Tomás nos dio un recital de enganchones, eso sí, con mucho valor: un valor que hace no tantos años estaba reservado a los novilleros que carecían de técnica lidiadora y debían buscar el triunfo a cualquier precio, incluso saliendo de la plaza en parihuelas. Sin embargo una figura del toreo debe triunfar toreando de verdad (para lo que se requiere el mismo valor, pero consciente), que es justo lo que no hizo José Tomás el día 15. ¿Que siguió en el ruedo estando herido? Eso es muy emocionante y un rasgo de torería de agradecer, pero no es torear.

En cuanto a las estocadas, ¿vamos a legitimar que un tipo se deje encunar por dos de los cuatro toros que ha matado en Madrid? Porque Antonio José Galán hacía lo mismo, pero sin muleta, y le pitábamos, ¿te acuerdas? Yo prefiero que se mate en corto, por derecho y por arriba, sin perder la muleta, sin salir prendido y haciendo la cruz como Dios manda.

Dices en tu artículo que no eres tomasista. Yo sí lo soy, y quizá por eso me he sentido enormemente defraudado en su reaparición. Soy del José Tomás de antes de la retirada, de ése al que vi dar los naturales más excelsos desde que se fue Paco Camino, del que me puso de pie con unas impresionantes chicuelinas muy en corto... Soy incluso de aquel José Tomás que se dejó vivo un toro de Adolfo, y no porque no lo matase (le abronqué por ello), sino porque eso demostraba que era humano. Los riesgos que ahora asume José Tomás son irracionales, no manda a los toros sino que aprovecha su viaje dejando que pasen muy cerca, como quien se pone junto a la vía del expreso de Algeciras. El José Tomás de antes no solo se los pasaba más cerca que nadie, sino que además los toreaba y no le cogían tanto.

Sinceramente, Luis, creo que alguna gente del entorno de José Tomás y ciertos voceros irresponsables no van a parar de apretar las tuercas hasta que cualquier mal día ocurra una desgracia irreparable. Ese morbo es lo que hace que el público llene las plazas en donde actúa, y no la Tauromaquia eterna. Tú y yo lo sabemos. Entonces, cuando ocurra ese percance que nadie desea, nos echarán la culpa a "los de siempre"

Un abrazo, amigo.

7 comentarios:

betialai dijo...

¡Chapeau, Martín!. Un fuerte abrazo para Luis y para ti.

urko dijo...

Totalmente de acuerdo con Bastonito. No moveria ni una coma de lo escrito.

A proposito de la campaña de marketing de J.T., acabo de subir al blog "Apuntes Taurinos" (www.kalamua.blogspot.com)un articulo que escribi en su dia sobre el particular.

Anónimo dijo...

Esto es importante...dos pedazos aficionados cabales se fajan CON ARGUMENTOS Y RESPETO MUTUO...así es la ruta...un abrazo MONSTRUOS.
Pgmacias

Anónimo dijo...

¿pero cuando ha visto usted,una figura del toreo?

cortinar

dealvaro dijo...

¡madre mía!. Enhorabuena por el artículo y la discusión debidamente razonada.

Pablo G. Mancha dijo...

Bastonito, ya sabes que discrepo –y mucho de bastantes de las cosas que dices– pero me ha encantado el artículo, me ha servido para reflexionar y para darme cuenta de que a lo mejor muchas de las cosas que pensamos unos y otros, aunque choquen entre sí, pueden servir para formarnos más sólidamente nuestras ideas y para no creernos que lo sabemos todo.

Gracias, amigo.

Opsen dijo...

Yo también celebro este oasis de civilidad pero no hay que mistificar. Este no es un debate entre “tomasistas” y “anti-tomasistas”, sino entre dos excelentes aficionados que tienen visiones distintas partiendo de parámetros idénticos en lo que respecta a la integridad y la legitimidad de la fiesta.

El problema que tuvimos los que planteamos los mismos cuestionamientos a la temporada de José Tomás que menciona el propio Lupimón en su escrito, fue la reacción visceral, hormonal y de ciega pasión de, por una parte, desconocedores de lo que es el toreo que pretenden imponer sus desconocimientos al resto y, por otra, de quienes prefirieron desconocerlo para alabar a un idolatrado. Ese asunto sigue vigente. Este diálogo entre Martín y Luis demuestra solamente que, entre verdaderos aficionados, las cosas se discuten de otra manera, pero respecto a los demás no hemos avanzado nada.

En todo caso, enhorabuena a los dos, aunque no sea una sorpresa que el diálogo entre vosotros transcurra por un camino inteligente y de respeto mutuo.