domingo, 27 de septiembre de 2009

Hay novilleros y novilleros

Titular de perogrullo, que sin embargo viene a resumir lo que ayer aconteció en Las Ventas, con novillos serios y de lidia muy exigente de la ganadería de Montealto.

Javier Herrero, por ejemplo, es evidente que quiere ser torero. Intentó todo lo que sabe -que es poco aún, la verdad-, resultó gravemente herido y merece la repetición. Lo mismo ocurre con el francés antes llamado Tomasito -Thomas Jouber en el cartel-, que no resultó herido pero derrochó valor, variedad en su toreo y ganas de hacer bien las cosas. Sinceramente, me gustaría ver a estos dos mano a mano en Madrid, con una novillada igual de seria. Pablo Lechuga aburrió, y eso es lo peor que se puede decir de un novillero.

Por cierto: casi nadie lo dice, pero ayer un caballo cruzó desbocado el ruedo casi por el diámetro, y se estrelló contra las tablas junto a uno de los burladeros popularmente llamados de trincones que hay en el tendido 10, dejando un boquete considerable en la barrera. Quedó el animalito inconsciente, volviendo en sí a los pocos minutos y saliendo por su propio pie del ruedo. Tan lamentable incidente, que no debe volver a repetirse, se produjo por varias razones:
  • Si el picador, en una vergonzante dejación de funciones, no hubiese abandonado a su cabalgadura en un ejercicio de suprema falta de torería, ésta no se habría desbocado. Daba pena ver al caballo galopando y a su jinete montado a horcajadas en las tablas.
  • Si los monosabios hubiesen estado en su sitio y hecho su trabajo, habrían sujetado al caballo.
  • Si el caballo no hubiese tenido un trapo cubriéndole ambos ojos, habría percibido aquello contra lo que ciego, sordo y chutado, acabó estrellándose.
  • Si los de a pie hubiesen estado como deben, realizando la lidia adecuada, no habrían permitido ese puyazo extemporáneo en la puerta de caballos que originó todo el desaguisado.
Sin embargo el caso es taparlo todo, que no se vea nada de lo que pueda perjudicar el negocio, porque un espectáculo en el que se ven caballos ciegos y sordos estrellándose al galope contra las tablas no gusta a nadie, ¿verdad? Pues hoy, en la de Palha, volverán a salir los caballos con los dos ojos tapados, y ya veremos si alguien resulta sancionado por lo de ayer. Apuesto a que no. Lo único que me consuela es que el pobre caballo de ayer, como iría de grifa hasta las trancas, tampoco se debió dar cuenta de mucho.

9 comentarios:

manon dijo...

El caballo ha muerto. Llevaba una cornada que le afectó a un pulmón.

bastonito dijo...

¿Una cornada? Para mí que es una bola de los veterinarios (usease de parte de la autoridá) para no decir que reventó del porrazo. Pero es igual, porque ningún juez va a ordenar una autopsia del pobre penco. Quedémonos con la cornada y ya está.

manon dijo...

No, la cornada es de verdad. Seguro.

fabad dijo...

Menos mal que los antitaurinos no ven los Toros por la tele.
Yo tampoco me creo la cornada.

Anónimo dijo...

Una cornada, no. Dos cornadas le dieron al caballo. Doy fe de ello.

Alvarito Zamora.

bastonito dijo...

No si de lo que se trata es de saber si se ha muerto de la(s) cornada(s), o del porrazo, o de un tójunto.

Anónimo dijo...

Según mis informaciones es cierto lo de la cornada, también parece que no pusieron mucho empeño en sacarlo adelante, al contrario de lo que hizo Pablo Hermoso con el suyo. La cuadrilla no debió permitir que entrara al caballo en aquella zona de la plaza. No es ni la primera ni la segunda vez que ocurre algo así en esta temporada por aquello de llevar los ojos tapados, eso es lo que no se puede ni se debe consentir.

fabad dijo...

El reglamento no es perfecto, pero si encima no se cumple...

milinko dijo...

Por cierto, PAblo Lechuga se ha quedado sin su apoderado freaky, ya que se ha ido a un concurso televisivo...De pena el tal Gerardo. Salud.