lunes, 28 de septiembre de 2009

La de arena

Rafaelillo
(Foto: Juan Pelegrín)
Una porquería fue la de Palha de Otoño, máxime si la comparamos con la de San Isidro pasado. Corrida muy desigualmente presentada, tuvo toros anovillados y otros más cuajados, los hubo con mucho sentido y más nobles, inválidos o con cierto poder; todos mansos, con el guarismo "5" y cien kilos de diferencia entre al más grande y el más pequeño. Un saldo, vamos.

Los toreros anduvieron por allí con más voluntad que acierto, especialmente Rafaelillo, que si no se hubiera puesto en plan eléctrico y pueblerino con el noble cuarto igual habría cortado algún trofeo. Pero bueno, es lo que hay.

El sábado tenemos el mismo cartel de toros y toreros que hubo ayer en Barcelona, con la diferencia de que no está José Tomás y colocan a Castella. Lo cierto es que el francés me sobra en esta ocasión, y hubiese preferido un mano a mano entre Aparicio y Morante, quien, por cierto, se ha lesionado el dedo pulgar izquierdo y ya veremos si está para torear en una semana.

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