Estas cosas suelen ser actos de mercadotecnia muy bien estudiados, pero eso no obsta para que hayan de agradecerse de corazón. Bienvenidos sean si sirven para aliviar las carencias que padecen los más desfavorecidos, sean catalanes o de Tombuctú.
Se puede ser un pésimo torero pero una gran persona, como Manolo; un gran ganadero y un deleznable ciudadano, como Juanito... El caso es que las obras que se realizan en el ámbito personal no son directamente proporcionales en bondad con el mérito profesional; eso no debe confundirnos nunca.
Sin embargo yo hoy me siento orgulloso de que un torero contemporáneo, se llame como se llame, haga lo mismo que las antiguas figuras de época: ponerse al lado de los semejantes que sufren, apoyándolos económicamente en lo posible. Eso ahora lo llaman solidaridad, pero siempre se ha llamado bonhomía.
Nota: He leído la noticia, firmada por la agencia EFE, en El País.
Qué bonito es el miedo
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Pero para alcanzar esos momentos sublimes, está el tributo del miedo.
Romero emplaza a esa perturbación negra y misteriosa en el platill...
Hace 1 hora.
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