domingo, 11 de octubre de 2009

¿La Gran Final o el Gran Final?

Tres novilleros hambrientos de triunfo saliendo a por todas, dispuestos a lo que fuese para lograr el prestigiosísimo trofeo "Ocho Naciones", frente a unos poderosos y nobles novillos de la ganadería de Antonio San Román, encastados en Torrestrella. Tarde de triunfo o de hule, como antiguamente; tarde de emoción y competencia...

¡Ja! Permítanme que me ría...

Van a tener razón los que dicen que la Fiesta va a desaparecer por sí sola, por falta de relevo generacional. Ni los tres novilleros que han llegado a esta Gran Final, ni la ganadería propietaria de los animales que se lidiaban, eran dignos de un festejo de la pretendida categoría de este.

Especial reflexión debe hacerse sobre lo ocurrido con el hidrocálido Mario Aguilar y con otros toreros mexicanos, como El Payo, que suelen causar una magnífica impresión cuando llegan a España por su entusiasmo, la variedad de su toreo y el desparpajo con que actúan. Entonces se les arriman los taurinos españoles y no sé qué les hacen, pero se adocenan y pierden todas las virtudes que traían del otro lado del charco. Mario Aguilar se ha convertido en un vulgar pegapases, en un destajista, en un torero plúmbeo al que no hay quien aguante; sin embargo no es peor que Javier Cortés o Miguel Hidalgo, españolitos ellos, y especialistas a estas alturas de su carrera taurina en dar la paliza al respetable tanto o más que el mexicano.

A esos tres novilleros de pitiminí, que deben tener ya finca, ganadería y media docena de haigas cada uno, les cupo en suerte enfrentarse en la primera plaza del mundo a una novillada muy desigual de hechuras y descastadita, pero de beatíficas embestidas toda ella. Un encierro "colaborador", para que me entiendan los taurinos profesionales, que fue espantosamente lidiado por unas cuadrillas ineptas con la anuencia de sus jefes , que no sé si no se enteraban de nada o es que no les daba la gana trabajar. ¡Qué desidia! ¡Qué impresión de dejadez ofrecían los de luces!

¿Estos novilleros, estos ganaderos y estos empresarios son los que tienen que asegurar el futuro de la Fiesta? El último que apague la luz.

5 comentarios:

Xavier González Fisher dijo...

No he tenido manera de ver el festejo, pero si dices que estuvo así de triste la actuación de Mario Aguilar, es que así fue.

Le van a dar la alternativa aquí el 1 de noviembre. Leído tu análisis me pregunto: ¿tendrá sentido?

Espero que rectifique, que posibilidades tiene, creo...

bastonito dijo...

Tendrá, Xavier, el mismo sentido que tienen todas esas alternativas que se toman ahora. Ahora puede tomar la alternativa -y de hecho lo hace- cualquier novillero, porque el toro apenas existe. En el caso de Aguilar, sin embargo, creo que el problema está en la actitud más que en la aptitud. Como bien dices, podría rectificar.

Cerra dijo...

Buena crónica Martín, últimamente desde lo de Castella no tengo muchas ganas de aparecer por esa verbena de plaza.
Me imaginaba que los tres manteros de ayer con ese ganado de encaste bodeguero no harían nada.
Zaragoza más de lo mismo novillejos y destoreadores, con público que aplaude hasta como quitan las boñigas.
Un saludo

bastonito dijo...

Ya te vi salir despavorido el día de Castella, no me extraña. Si llegas a aparecer ayer por la plaza te da algo. Hacía mucho tiempo que no me aburría tanto en una plaza de toros. ¡Y era la Gran Final!

Al acabar cayeron almohadillas y todo, que para una novillada es novedad, y eso que el cuarto escaso de plaza cubierto lo estaba por los ocupantes de los autocares que venían a jalear a los novilleros. Fue todo de lo más surrealista y demencial.

Anónimo dijo...

¡Qué suerte que he estado fuera!
Lupimon