Cualquier aficionado o profesional del mundo taurino sabe, aunque no lo diga en público (en privado es otra cosa), que la medalla recientemente concedida a Francisco Rivera Ordóñez por el Gobierno de España no ha sido otorgada para reconocer su valía como matador de toros, que es más bien escasa desde el punto de vista artístico. Todos estamos en el convencimiento de que si este torero no tuviese esos antecedentes familiares ni esa presencia física, su carrera taurina no habría pasado de los escalafones inferiores.

La
referencia de la resolución del Consejo de Ministros no puede ser más ambigua y engañosa. Evidentemente no ha sido el de Cultura quien la ha redactado, pues no se conoce que frecuente ambientes taurinos; algún subsecretario le habrá colado el gol, o alguna recomendación habrá partido de más altas instancias de la Administración. Por ejemplo, no es de recibo que se diga que le dan la medalla por ser descendiente de quien es, ni porque estuvo especialmente bien en Madrid en 2001 y 2002. Veamos: En 2001 Francisco Rivera Ordóñez actuó en Las Ventas el 25 de mayo (silencio y pitos), el 5 de junio (silencio, aplausos y silencio), y el 7 de octubre (silencio y ovación). También actuó en el Palacio de Vistalegre, de segunda categoría, el 16 de junio (pitos y oreja). En 2002 actúa en Las Ventas el 15 de mayo (silencio en ambos toros), el 21 de mayo (silencio y pitos) y el 5 de octubre (silencio y oreja). Como puede comprobarse, lo de Rivera en estos dos años no es como para condecorar a nadie. En cuanto a la Goyesca de Ronda de 2008, el torero que nos ocupa cosechó aplausos, ovación, y una oreja del sobrero, en una plaza de tercera categoría de la que es empresario.
Multitud de vástagos, nietos y bisnietos de grandes figuras del toreo que a su vez han probado suerte en los ruedos no han llegado profesionalmente a nada destacable, y menos aún han sido condecorados. De igual forma, el escalafón de plata está lleno de profesionales que han salido por la Puerta Grande de Las Ventas (Francisco Rivera Ordóñez no lo ha hecho), y tampoco tienen medalla. Por fin, la mención de la actuación de Ronda no se entiende, a no ser que se miren las fotografías del evento, en las que aparecen ministros del Gobierno de España, capitostes autonómicos, oligarcas varios y representantes del artisteo
asistiendo a un evento de la beautiful people disfrazado de corrida de toros, que llenó en septiembre pasado infinidad de páginas de papel cuché.
Las condecoraciones tienen una función social ejemplarizante; se distingue con ellas a quienes realizan actos heroicos, o han seguido una trayectoria profesional intachable en el mundo de las artes, la empresa, etc. En Madrid, sin embargo, lo más "ejemplarizante" que recordamos de Francisco Rivera Ordóñez es
aquello que declaró en 1997 sobre la actitud de algunos aficionados del tendido 7: "Es un pena, es demencial que 15 ó 20 idiotas le quiten la personalidad que tiene la plaza de Madrid. Estos incordios lo único que hacen es molestar, y molestan al torero, al resto de los aficionados y al toro. Poner una bomba bajo el asiento de estos individuos será lo más adecuado". Desde entonces hay quien le llama
El Bombardero de Montoro.
Las valientes declaraciones de José Antonio Morante, quien no tiene la medalla y sí mucho que perder, así como las significativas renuncias de Paco Camino y José Tomás a la distinción, no son más que la punta de un iceberg. Quizá los pesebreros medios de comunicación que comen de las andanzas extrataurinas de Francisco Rivera Ordóñez, su hermano, sus familias y otros allegados, puedan causar cierto miedo y hacer callar a otros profesionales, pero la verdad está ahí y es incuestionable, pese a que los periodistas taurinos especializados se han dejado comer el terreno hasta ocupar una situación marginal en la que ni siquiera son consultados por sus colegas del
cuore o de la información general cuando se trata de hablar de toreros.
Salvo error por mi parte, el Real Decreto aún no ha sido publicado en el Boletín Oficial del Estado, así que hay tiempo para rectificar. Haría bien el Gobierno de España en hacer desaparecer de la lista de condecorados a Francisco Rivera Ordóñez y, si se pretende otorgar la medalla a un torero, que sea a alguno retirado que cuente con el respaldo unánime de la afición y del resto de los profesionales. Hay unos cuantos.