La verdad es que da gusto ver toros al norte de los Pirineos. Uno se sorprende allí casi siempre por la ilusión que ponen los aficionados-organizadores en que todo funcione y en cuidar hasta el más mínimo detalle. Luego el festejo saldrá como quiera, bueno o malo, pero eso es otra historia.
Así, la novillada matinal fue infumable desde el punto de vista ganadero -Ángel Nieves envió unos novillos bien presentados, pero carentes por completo de casta-, en la que además los toreros, Juan Carlos Rey y José María Arenas, estuvieron francamente mal. A estas horas dudo que alguien se acuerde de ellos en esas tierras bearnesas.
Por la tarde se presentaban en Francia los toros de Adolfo Rodríguez Montesinos. Por lo visto la corrida había sido remendada porque tres de los toros reseñados se habían matado en el campo, peleándose con sus hermanos. De ahí que la presentación fuese una escalera, y que en realidad hubiese dos festejos en uno, pues los tres primeros no tenían nada que ver con los tres últimos.
El primero de la tarde fue un cinqueño diminuto e inválido al que, según cuentan, quitaron de las vacas para poder completar la corrida. Durante los dos primeros tercios anduvo apretando hacia los adentros, con castita pero también con mansedumbre, y en el último resultó ser de una nobleza infinita rayando en la bobaliconería. El segundo y el tercero fueron parecidos, pero no tan inválidos. El cuarto resultó ser un señor toro por presentación y por juego: bravo en varas, noble y encastado en todos los terrenos, codicioso a veces, al que Iván Vicente no quiso ni ver. El quinto quedó inédito tras recibir una lidia nefasta de Fernando Cruz y sus secuaces, y el sexto fue pastueño aunque sin chispa. En general a la corrida le faltó poder, notándose mucha diferencia a este respecto entre los toros reseñados y los remiendos. El único de los matadores que puso verdadero interés fue Raúl Velasco, que estuvo a punto de salir en hombros -cortó una oreja del tercero y dio la vuelta al ruedo tras la muerte del sexto- y merece ser repetido el año próximo. El presidente, François Capdeville, fue fuertemente protestado por escamotear una tercera vara del cuarto toro, ordenando tocar intempestivamente a banderillas.
Lo pasamos bien en Orthez este fin de semana. Muchas gracias a todos aquellos que lo hicieron posible, y mucha suerte a la Comisión Taurina en los años venideros. Visto su trabajo, se la merecen.