miércoles, 12 de mayo de 2010

La levantisca afición barcelonesa

En el madrileño "Eco del Comercio" del día 2 de agosto de 1835 leo la siguiente noticia (sin fotografía, claro está):

La plaza era la de El Torín, en la Barceloneta, que funcionó
desde 1834 hasta 1946. Los toros del festejo, de Zalduendo,
fueron estoqueados por Manuel Romero Carreto y Rafael
Pérez de Guzmán. Tras los incidentes relatados la plaza se
cerró durante quince años.
"Barcelona, 26 de julio - Ayer 25, día de Santiago, por la tarde hubo función de toros y salieron tan malos que se incomodó el pueblo y empezó a arrojar las tablas de la contrabarrera, las sillas y hasta los abanicos que se usan en el país, observándose que lo hacían hasta las señoras, por lo cual no había quien lo pudiese contener. Como por vía de desahogo cogieron un toro, le cortaron las patas, y tomando la maroma de la contrabarrera le arrastraron con ella por varias calles. De aquí se pasó a pegar fuego a los conventos, habiendo ardido completamente Sta. Catalina, Trinitarios descalzos, S. Agustín, Carmelitas descalzos y calzados, de los cuales aún hay alguno que arde; habiéndose salvado del fuego la Trinidad calzada y Capuchinos por una súplica de los vecinos, por estar situados en la hermosa calle de Fernando VII, y Sta. Mónica, por estar circunvalada de casas nuevas; los Servitas por estar en el almacén de depósito de pólvora de la artillería, y S. Francisco, porque a pesar de haberle pegado fuego cinco o seis veces fueron los frailes bastante diligentes en apagarlo con una bomba que tenían. Han resultado varios frailes muertos, ya de las llamas y humo, y ya también a golpes de mano airada en lo oculto, porque el que aparecía ante las gentes era respetado y salvado; tal ha sido la cordura del pueblo culto barcelonés, sin que se sepa que se haya robado ni un alfiler, pues que preferían arrojar a las llamas las ropas y demás enseres a que se dijese que el interés les habría movido a ello; advirtiendo que entre la turba iba gente muy necesitada y muchas mujeres. Continúan ardiendo los referidos conventos, y de cuando en cuando aparece algún fraile muerto o vivo, y en este caso con una escolta es llevado a un fuerte, desde donde son conducidos a Montjuic. Solamente ha sido conducido a las reales cárceles un joven, que por el decidido empeño del pueblo ha sido forzoso ponerlo en libertad en medio de un inmenso gentío que lo esperaba. Las monjas también desocupan sus conventos por orden de las autoridades.

Corre la noticia de que han llegado a Mataró los chispazos del desorden, de cuyas resultas arden algunos conventos. Esta es la voz que corre a las cinco de la tarde."

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