Taurodelta, José Luis Marca, Juan Pedro Domecq, Joaquín Núñez del Cuvillo y Daniel Luque, todos ellos con la inestimable colaboración de la Comunidad de Madrid, nos prepararon una encerrona el Domingo de Resurrección. Algunos yonquis de esto, enfermos al fin y al cabo, nos metimos en ella a sabiendas de lo que iba a ocurrir, pero otros -la mayoría- fueron a los toros con la muy respetable intención de pasar la tarde presenciando un espectáculo digno y entretenido, y se encontraron con un bodrio de calibre monumental.
No hubo escándalo, pese a que en otros tiempos no lejanos se hubiese armado la mundial. Y es que lo de hoy no se hace, señores taurinos: no se puede programar una encerrona como esa al público; no pueden ustedes emboscarse en sus despachos y en sus burladeros del callejón para perpetrar semejante indecencia. Había media plaza, que con el dinero de TV les habrá dejado algunas perrillas de beneficio, pero muchos de los que hoy han ido a Las Ventas no volverán a pisar una plaza de toros. Así que además de unos golfos, son ustedes tontos de remate.
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| Dibujo: Facundo |
Con tres
juampedros, tres
cuvillos y un único espada -anunciado este año para matar doce toros en Madrid sin que nadie aparte de ustedes sepa por qué-, no se podía esperar nada bueno. Sin embargo ustedes lo esperaban, supongo, y cada día que pasa estoy más convencido de que su reino no es de este mundo, de que viven ustedes en el País de las Maravillas. Veamos:
Se lidiaron seis animales de dos ganaderías diferentes, ambas del agrado de ustedes, justitos de fuerza y desiguales de presencia. Salió desde la cucaracha inmunda hasta la mona indecente, pasando por la sardina y el renacuajo, y alguno se tapó algo, eso sí, sin asustar. Mansurrones y de poquita casta, se les simuló casi siempre la suerte de varas, y resultaron para el último tercio nobles y claros, sin excepción, con alguno realmente pastueño como el primero.
Con este material soñado por cualquiera de los adeptos a la neotauromaquia al uso, Daniel Luque y su cuadrilla dieron al público venteño una de las mayores palizas que se recuerdan en esta plaza. Cuanto más amorosamente embestían los
cuvillos y los
juampedros, cuanto más hacían
el avión esos toreznos, peor se ejecutaban las suertes y más destajista era el toreo.
Es decir, que ni siquiera preparándolo
ad hoc, con ganado de mucha
garantía y muy poco respeto, con televisión, con el consentimiento de un público que se portó de maravilla, pudo Luque recoger siquiera una ovación después de lidiar alguno de los seis toros que mató. Y todavía tenemos que verle tres tardes de aquí a junio, y aguantar otra docenita de
juampedros y otra más de
cuvillos, como mínimo.
Técnica, pundonor, variedad y brevedad son las virtudes que debe atesorar un matador de toros para anunciarse en solitario, y más si es en la primera del mundo. Señor Luque: aprenda usted a torear, tenga más vergüenza y menos humos, amplíe su repertorio y tírese a matar como mandan los cánones.